La Vieja Escuela

Me van a perdonar ustedes, pero hoy voy a permitirme estar melancólico, taciturno, alicaído, sombrío, quizás algo apesadumbrado, pero, sobre todo, nostálgico.

Y es que hoy me siento, más que nunca, de la vieja escuela.

Verán, el otro día rebuscando no sé muy bien porqué esperando encontrar no sé muy bien qué, me topé en un cajón con uno de los objetos fundamentales para poder explicar por qué soy como soy: mi primera caja de estilógrafos. Una gloriosa caja de Staedtler con cuatro estilógrafos azules: 0.2; 0.4; 0.6; 0.8 acompañada de un compás, una extensión, tres lapiceras -una de ellas para el compás,- un bote de tinta china, un botecito para las minas de las lapiceras de 0.5 mm. y una goma de lápiz.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

La madre del cordero.

Esa caja me la compró mi padre en Utande, librería técnica de la Coruña que con el paso del tiempo dio lugar a un imperio empresarial, cuando yo iba a sexto de EGB con apenas una decena de infantiles años en mi contador vital.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Y en el interior… podría haber sido peor. Podría haber sido «te gustaría comerte mikonejito»

Mi padre había estado haciendo delineación y durante esos años de estudio tengo el recuerdo de láminas semitransparentes en las que dibujaba líneas con unos aparatos negros de la marca Rotring que guardaba celosamente en su elegante estuche. Muchas veces me ha contado cómo fue la envidia de la clase de Maestría cuando años antes se hizo con un flamante graphos lo cual fue una revolución en los tiempos en los que usar un tiralíneas con destreza era algo al alcance de unos pocos privilegiados con un don especial.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Utilizar correctamente estos instrumentos, un ejercicio de virtuosismo.

Paralelamente yo había visto El Coloso en Llamas y me quedé fascinado viendo cómo Paul Newman, el arquitecto del edificio, se lo sabía de memoria y con absoluta precisión. Después de ver esa película decidí que quería ser arquitecto, sin tener ni la más remota idea de lo que eso significaba. Es posible que si ese día hubiera visto El Golpe hoy sería un atractivo fugitivo huido de la justicia dedicado a saquear los bolsillos de ricos miserables -valga la redundancia- como el impagable Doyle Lonnegan -ustedes juzgarán qué camino habría sido más provechoso-.

Unos años después, tras ganar contra pronóstico un concurso de dibujo con una de mis salidas de tono habituales -sobre todo viniendo de un orondo y sonrosado niño de 12 años- me hicieron entrega de una enorme caja de estilógrafos, también Staedtler que jamás llegué a estrenar. Ya tenía mi caja original. En realidad esa nueva, sobraba, a pesar de que en el fondo desencadenó el efecto peonza del que les hablaré en alguna futura entrada.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Una caja nunca estrenada que desató el efecto peonza.

Tras un fugaz paso por el instituto, casi sin darme cuenta tuve que matricularme en la Universidad. Como recordaba nítidamente mi infantil promesa -afortunadamente nunca quise ser astronauta- rellené oportunamente los papeles que me permitieron entrar en la Escuela de Arquitectura de Valladolid.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Cómo no, Rotring también tiene que estar presente.

Arquitectura: 6 años más el PFC. tiempo medio en terminar la carrera en Valladolid, 12 años -noticia que leí con horror en el periódico al poco de empezar las clases-. Suspender todas las asignaturas el primer año no era nada descabellado, de hecho no era infrecuente pedir el año de gracia que se concedía automáticamente. Plan de estudios de 1975. Y a los portaminas se les llamaba lapiceras.

La Vieja Escuela.

Con la tierna edad de 17 años comprendí que conocería lo que era el holocausto caníbal y lo sufriría en mis propias carnes.

Fue en mi primera visita a Totem cuando compré una nueva caja de estilógrafos. Esta vez eran de Faber, más baratos que los Staedtler: 0.13; 0.1; 0.2; 0.3 Ya jugábamos en primera división, el 0.13 se convirtió en una extensión de mi mano derecha y con él tracé kilómetros y kilómetros de líneas.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

0.13. No puedo añadir nada más mientras una lágrima surca mi rostro.

Por alguna extraña razón le veía un atractivo irresistible al rayar la sección de los muros, a rayar la sección del terreno, a rayar, en definitiva, la vida. Horas y horas y horas sobre el tablero de dibujo. Noches en vela rayando un terreno que ocupaba medio A1 -Canson Artic, por supuesto- mientras sonaba la misma canción de los Suaves una y otra vez en el reproductor de CD.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Compañeros de sádicas noches en vela.

El destino, siempre caprichoso, casi hizo que abandonase la carrera en primero debido a que mi profesor de dibujo técnico -esa asignatura que me mantenía hechizado y pegado al 0.13, recuerden- no se creía que las láminas las hacía yo. De hecho no se lo creía ni cuando nos encerraban en clase durante dos días para hacer el examen y allí nos quedábamos con la única compañía del walkman, los trastos de dibujar y los jocosos e hirientes comentarios del profesorado. No se lo creía al punto de que me suspendió en Junio y en Septiembre puso mis láminas como ejemplo supremo de lo que se esperaba del dibujo técnico de un arquitecto mientras mis compañeros no entendían nada y yo miraba atónito con cara de pan de hogaza. Me gustaría saber qué tipo de unicornio alado y mágico se imaginaba mi profesor (un saludo, Juanjo!) que me hacía las láminas… o qué clase de sustancias psicotrópicas tomaba por aquella época porque debían estar a la altura de lo que cocinaba Walter White.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Estilografos dedicados a Sepia y a aguada. El summum de la especialización.

Hasta cuarto de carrera, ya en El Plan Nuevo, que hoy en día con tanto cambio debe ser ya el duodécimo plan pre-Bolonia, no me decidí a pelearme con el autocad y los PLTs. Para los jóvenes que nunca habéis generado uno de estos archivos: imprimir con PLTs hoy está considerado delito de lesa humanidad por las Naciones Unidas, por cruel.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

A veces era más barato comprar una caja entera que un par de puntas sueltas.

Durante todos esos años seguí delineando, raspando y rayando secciones. Posiblemente todo ese ingente trabajo mecánico no me haya servido para ser mejor persona, ni mejor arquitecto, pero ha sido artífice en parte de que ahora mismo sea como soy.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

En ocasiones hay que borrar los errores cometidos. Otras veces no queda otra que rasparlos.

Siempre he pensado que el dibujo manual es algo que jamás debe perderse en la formación del arquitecto. Una vez acabada esa mágica etapa que es el pulular por una Escuela de Arquitectura es posible que la inmensa mayoría de los radiantes nuevos titulados jamás vuelvan a colocar las cuerdas de un paralex en ningún lugar, salvo en su memoria. Dominarán con maestría todo tipo de programas gráficos, de tratamiento de imágenes, modelado, renderizado… el BIM será algo cotidiano y no concebirán ninguna otra vía como posible ya que de hecho, en el ejercicio profesional, seguramente no la hay.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Lápices. Duros. Muy duros.

Pero con el dibujo se nos hacía pensar en que cada línea trazada -primero a lápiz, posteriormente a tinta- tenía un porqué, una intención y era necesaria.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Un poco de agua, un poco de pelo de marta y acuarelas… que tiempos aquellos.

El otro día oí que en Finlandia se plantean que los niños deben dejar de dedicarle tiempo a escribir porque hoy en día lo que hay que saber es teclear.

Desde hace tiempo los chicos del Norte me dan envidia en casi todo salvo en sus inhumanos inviernos. Pero esto, sencillamente, me pareció una aberración que solo puede demostrar que la falta de sol les ha nublado la mente.

Quizás porque me siento de la Vieja Escuela.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

En la vieja escuela también había color.

Quizás porque creo que nos estamos demenciando todos (hasta en Finlandia!) y no estamos tomando las decisiones adecuadas. Quizás porque cada vez le damos más importancia a cosas que no son importantes y a lo realmente esencial lo despreciamos de una manera inmisericorde.

© pedro ivan ramos martin luz10

Si, han leído bien: 2.00. Que cosa más gorrrrrrrrrda.

Junto con mi prístina caja de estilógrafos encontré también una caja de lápices Faber técnicos -con dureza hasta el 7H- una de pasteles, mis lápices de grafito, pinturillas, un montón de minas para toda clase de lapiceras, también plumines y plumillas… objetos con los que, aunque no lo supiéramos en aquel momento, no se nos trataba de enseñar a dibujar: se nos trataba de enseñar a pensar o al menos a tener las herramientas necesarias para hacerlo.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Con esto dibujaba servidor un fanzine.

Me apena ver que los arquitectos cada vez dibujan menos y que cada vez lo hacen peor. Me apena ver que se piensa directamente a través del ordenador -como si eso fuese posible- en lugar de hacerlo sobre papel de croquis. Me apena ver que poco a poco vamos perdiendo las infinitas capacidades y el inmenso potencial que tienen nuestras manos para pasar tan sólo a aporrear teclas o a ser hábiles en el uso del ratón.

asimilamos sin que podamos hacer nada al respecto.

¿Cuántas ideas caben en cada uno de estos artilugios?

No hablo de ser un virtuoso del dibujo de la misma manera que no creo que un gran escritor deba tener, necesariamente, una hermosa caligrafía. Hablo de saber agarrar un trozo de madera o de plástico con un fino cilindro de grafito y arcilla y a través de esa simplísima herramienta plasmar una idea que en ocasiones será terriblemente compleja, o comprender cómo llegar a ella.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Grafito puro: materia gris.

Vamos a poder generar edificios virtualmente con toda la mandanga del BIM pero no vamos a ser capaces de pensarlos, de esbozar un pensamiento en una servilleta de bar, de dibujar un detalle en un pilar recién desencofrado. Vamos a ser devorados por una tecnología que no comprendemos y que difícilmente asimilamos sin que podamos hacer nada al respecto.

 pedro ivan ramos martin luz10 la vieja escuela

Foto de familia.

 

A mí todo esto me da mucha lástima y me hace pensar que quizás antes todo era, cuando menos, más hermoso. Y eso me deja un inquietante pensamiento: los de la Vieja Escuela, en el fondo, no somos tan duros.

·············

Siempre fantaseé -entre otras cosas, casi todas ellas menos confesables- con la idea de tener un tecnígrafo. Si alguna vez alcanzo la merecida fama internacional, con sus pingües beneficios, prometo que lo conseguiré y se lo presentaré a ustedes en primicia mundial.

·············

Relacionado de alguna manera con todo esto, les confesaré que en el fondo siempre he considerado el dibujo a mano como la fotografía analógica. Otra de esas promesas que cumpliré antes de morir es ir a la Villa Mairea y disparar un carrete de diapositivas con mi querida Nikon FM3A. También se lo contaré por aquí.

·············

Me he sorprendido contando la cantidad de estilógrafos que tengo tanto de Faber como de Staedtler y Rotring: 30.

·············

Muchas veces me he preguntado cómo sería mi vida si, al final, hubiesen conseguido que dejase Arquitectura en primero. Estoy convencido de que habría sido netamente peor: no habría conocido a la gente excepcional que conozco hoy en día.

·············

Un texto, fotografías y trastos de dibujo de su siempre fiel y seguro servidor © pedro iván ramos martín que, como de costumbre, les invita a citar la procedencia de todo este material en caso de que quieran emplearlo para hacer el mal, o para hacer el bien. No sean mediocres y no lo usen para hacer el regular.

·············

Tanta divagación y desvarío generan un desgaste atroz. Comprendan al autor y, como quien pasa la mano sobre el lomo de un perro apaleado, compartan Luz10 entre sus clientes más distinguidos.

 

2 thoughts on “La Vieja Escuela

    • Fantástico!
      No hay tiempo que perder, debéis organizaros y establecer las directrices de la Resistencia. El escuadrón Tecnígrafo debería tomar las decisiones tácticas y planificar las medidas ofensivas. Pero, recordad lo más importante: si aún venden estilógrafos, haceos con todos cuantos podáis. Después del holocausto radiactivo no funcionarán los ordenadores y entonces, solo entonces, llegará la victoria final.

      [p.s. Gracias por leer el blog]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.