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La figura egregia (o no) del arquitecto

Sigue haciendo frío (y lo que queda), sigo con el tobillo hecho cisco y distintas autoridades y/o instituciones me siguen tomando por tonto. Nada nuevo bajo el sol. Y en breve, nada nuevo bajo la niebla, que esa es otra, estamos a las puertas de esa emocionante época del año en la que Valladolid se convierte en capital mundial de la niebla donde podremos asistir maravillados, ateridos  y lívidos por el frio; tiritando cual castañuela de Lucero Tena al apasionante fenómeno de la cencellada o niebla helada.

Curiosamente llevo toda la mañana pensando en uno de esos días en los que te despiertas sabiendo que todo va a ir mal, abres la ventana y observas esa muy pucelana niebla a cuatro grados bajo cero que no se levantará durante lo que queda de semana – y, efectivamente, es lunes; hemos dicho que todo va a ir mal- siendo la máxima temperatura de dos grados bajo cero a las dos de la tarde. Uno de esos días tan de aquí que no tardarán en llegar.

Pues así está el mundo de la arquitectura, señora. Y se lo digo yo. Que lo se y que, además, vivo en Valladolid y soy arquitecto -oh, Señor, ¿por qué yo, por qué a mí?-.

Desde que empecé la carrera hace ya unos cuantos años esto solo ha ido a peor. En 1994 había pocas Escuelas de Arquitectura en España, era una carrera bastante dura -según algunas crónicas, incluso bizarra- y los que de allí salían con un título tenían cierto reconocimiento social, facilidad para encontrar un empleo digno y, al menos, no se les escupía habitualmente en la cara.

Hoy, 19 años después, el panorama de la profesión es como el de el desierto de Atacama bombardeado intensamente con armamento nuclear e irradiado con rayos cósmicos debido a la crisis, a la locura que pasó este país hinchando una burbuja de ladrillos y a que proliferaron las Escuelas de arquitectura (ahora con minúscula) por doquier infestando un país con miles de titulados que, sencillamente, no hacían falta para nada.

Paralelamente a la proliferación de Universidades privadas donde usted se podía comprar un título e incluso varios de una tacada; la Universidad Pública rebajó el nivel de exigencia y arrancó la máquina de fabricar titulados en un esfuerzo absurdo por no quedarse sin clientela.

Y de esos barros, estos lodos.

Pero esta situación no es lo peor. No. Incluso la cacareada Ley de Servicios Profesionales que no valoraré por que ya ha habido gente mucho más preparada que yo que lo ha hecho maravillosamente bien  (No a la LSP explicado por n+1 aquí, aquí, aquí y aquí ) tampoco es lo peor que le ha pasado a esta profesión.

Lo peor es el cada vez más escaso reconocimiento que tiene la figura del arquitecto por parte del universo entero -salvo otros arquitectos, y a veces, ni eso-.

Al menos yo tengo la sensación de que no solo notables ministros y demás ingenieros nos toman como simples pintamonas. La gente corriente y moliente que -sorprendentemente- vive en casas proyectadas con mayor o menor fortuna por algún arquitecto ni entiende ni tiene interés por saber cual es la importancia de la labor del (buen) arquitecto y nos ve como seres del averno con fuerte olor a azufre, cuernos y rabo. Seguramente nos imaginan desayunando niños y poniendo la zancadilla a desvalidas ancianas un día de lluvia mientras nos reímos a carcajadas bañándonos en las ingentes cantidades de dinero que hemos amasado durante la burbuja… y, por supuesto, haciendo proyectos sin más que darle a la tecla f13 del ordenador.

Pues señora, que le digo que esto no es así. Créame. No todos somos grandilocuentes dementes como Zaha Hadid, gigantescos  chapuceros con egos infinitos como Calatrava , insoportables descerebrados como Joaquín Torres, engañatontos como  Luis Garrido… o, directamente,  corruptos como el muy pepero Gonzalo Urquijo -presunto de momento, ya habrá tiempo de corregir este pequeño matiz en la entrada-

Es triste y duro reconocerlo pues podría terminar con el glamour extremo que aún destilan algunos compañeros, pero existen arquitectos que no están podridos de dinero, que se dedican a hacer un buen trabajo en beneficio de su cliente y que a pesar de tener la fea costumbre de pretender cobrar por sus servicios – cosa que no siempre se consigue- a lo que aspiran es a vivir dignamente de su profesión al igual que pretende hacerlo un médico, una cajera del Mercadona, un abogado del estado, un barrendero, un periodista o un panadero.

Por supuesto que la mayor parte de la culpa de esta situación la tenemos nosotros mismos:

Nuestras alcanforadas y a la vez mohosas instituciones en forma de Colegios profesionales no dejan de ser un fiel reflejo de una profesión absolutamente decadente, decrépita y completamente venida a menos.

La falta de una labor docente que instruyese a la gente -que no son otra cosa que clientes potenciales- en lo que es la Arquitectura y lo que debe exigirle a un profesional de la misma -y por ende, explicarles porqué es fundamental contratar a la persona adecuada-.

La presencia en los medios de los starchitects internacionales y de los paletos televisivos que hacen casas absurdas para ricos.

La inacción ante la demente escalada de locura que supone el poder del lobby ingenieril en la redacción de leyes que regulan nuestra profesión -no la suya-.

La prostitución de la profesión por parte de arquitectos que venden su trabajo por un plato de lentejas (absolutamente chapucero, evidentemente, pues cada uno obtiene lo que paga).

Podría seguir casi hasta el infinito, pero luego me dirían ustedes que  les he hecho tragarse un ladrillo de los buenos sin fotografía, sin diseño y sin arquitectura que es, en principio, de lo que iba a ir este blog.

 

Así que no sigo.

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Zaha Hadid proyecta un gigantesco coño, pero dice que no, que son cosas nuestras.

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Delirante blog Masters of Concrete muy recomendable para arquitectos y demás fauna similar.

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Ya que estamos con blogs y blogueros, no dejen de visitar Inarqadia, que es de un amigo mio, que está muy bien y, además, podrán disfrutar de piezas tan exquisitas como el Negozio Olivetti de Carlo Scarpa

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Como en este post de desahogo personal no hay imágenes, haga lo que quiera con él. Eso si, como siempre se agradecería que lo comparta, lo difunda por el universo entero y le de al me gusta.

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