diario de un perro verde (v)

Viajar es el mejor alimento para el espíritu. Al menos para mi espíritu. Estar en esa permanente tensión ante lo que puede pasar, permanecer fuera del cálido confort de lo que damos por seguro. Descubrir nuevas y fascinantes -o no- maneras de entender el mundo y la vida. Conocer lo desconocido, descubrir la diversidad. Poder estar perdido y saborear el placer de reencontrarme.

¿Se puede viajar estando encerrado?

Semana 4

Les contaré algo. Una de las cosas más terribles que el ser humano considera normales es la de tener un pájaro. Siempre me ha parecido horroroso tener a un precioso jilguero metido en una diminuta jaula durante toda su vida.

Un animal que está hecho para ser libre, para VOLAR, para no tener límites, surcar el aire, avanzar como una flecha, elevarse en una pirueta, descender haciendo un picado, remontar un instante antes de estrellarse contra el suelo y alejarse velozmente no debe estar encerrado entre los barrotes de un lugar en el que ni siquiera puede extender sus alas.

Encerrados como un jilguero enjaulado

Me fascina contemplar el imponente vuelo de los buitres sobre el meandro del Alagón, o junto el colosal muro de la presa de Almendra o en el cañón del río Lobos o en el Picón de Felipe. Sustentados mágicamente en el aire, flotando en la nada, dominando el espacio majestuosamente. En círculos. Sin duda el buitre es un animal magnífico.

¿Saben? los buitres siguen volando majestuosos y en círculos sobre el meandro del Alagón, junto a la bóveda de Almendra, en el cañón del río Lobos y en el Picón de Felipe. Para ellos nada ha cambiado.

Pero para nosotros casi todo ha cambiado. Somos ese jilguero recluido en un minúsculo cubículo saltando de un lado a otro y ahogándonos en un trino que anhela respirar el aire con olor a brezo, con olor a resina, con olor a romero. Y a tierra mojada si hay suerte y cae una buena tormenta.

Tormenta, lluvia y olor a tierra mojada

Teníamos previsto viajar a Alicante aprovechando la Semana Santa. Recorrer durante horas los interminables kilómetros que nos separan del Mediterráneo. Teníamos previsto volver a juntarnos con los imprescindibles, volver a dejarnos acariciar por la brisa de un mar apacible y amable, tan distinto del furioso Atlántico del Norte que nos tiene hechizados. Íbamos a mirar hacia el horizonte envueltos en la luz del atardecer. Una mañana recorrería corriendo el cabo de Huertas y atravesaría otra vez la playa de San Juan hasta el final para demostrarme a mí mismo que todavía la gallina vechia fa buon brodo. Naturalmente, comeríamos un arroz.

a veces hay barreras

Pero como les había dicho en una entrada anterior, hacer planes es bastante absurdo a veces. Ahora éramos el jilguero enjaulado, ¿qué podíamos hacer?

La respuesta era inmediata y evidente. Surgía con prístina e insultante certeza de lo más profundo de nosotros. ¿Que qué podíamos hacer? La respuesta era viajar. Viajar más allá de ver con nostalgia fotografías que se van acumulando en el disco duro de manera insultante. Viajar con los sentidos. Porque viajar, además de alimentar el espíritu es algo eminentemente espiritual. Es condensar el concepto e ir más allá. En estos momentos era cuando entendíamos por qué y para qué viajábamos: para sentirnos vivos, para sentirnos libres. No solo para andar más allá de las fronteras sino para deshacer esas fronteras a pesar de estar encerrados en nuestra jaula.

¿Y si pudiéramos volar?

En todos nuestros viajes además del mero hecho de movernos a otros lugares y ver sus paisajes, pisar sus calles, bañarnos en sus mares y ríos hemos tenido cuidado de empaparnos de esos parajes. De que pasasen a formar parte de nosotros, de nuestro mundo. Era una necesidad vital volver a estimular nuestros sentidos.

También se puede viajar en el tiempo

Nuestra casa está cuajada de pequeños fragmentos traídos de todas partes. Desde una pequeña peonza de boj de A Coruña hasta una titilante campanita venida de Kioto. Desde una lámina romana de La Dolce Vita a una placa de Berlín y un trocito de muro. Desde un totem del Mont Ventoux a una máscara de Venezia. Desde un Quijote metálico de Campo de Criptana a un leve pájaro de Iittala traído de Helsinki. Porque al regresar a casa los viajes se siguen viendo. También se tocan.

Sea original, incluso cayendo en el tópico

Durante estos extraños días hemos escuchado fados y mille canzione italiane. Hemos escuchado música gallega y ha retumbado metal alemán. Hemos escuchado a Dinamarca y nos ha atronado Rusia. Porque los viajes también se escuchan.

Ponga una banda sonora a todo

Pero, sobre todo, nos hemos abandonado al hedonismo más descarado. Nos hemos sumergido en los olores y en los sabores de todos aquellos lugares de la manera en la que servidor de ustedes tiene un máster: comiendo y bebiendo. Dicen que lo de cocinar no se me da mal. Lo de beber, tampoco.

el licor café o la cólera de dios

Hace unos años ya les comentaba que según la magdalena de Proust el olfato es un sentido más evocador que la vista y el olor de café recién molido haciéndose en la Bialetti nos transporta a Roma de forma irremediable.

Que jamás falte el olor a café recién hecho, el olor a Roma.

Pero no sólo de olfato se trata. En esta bendita casa se producen con frecuencia semanal fiestas temáticas. Si no podemos estar viajando físicamente lo hacemos espiritualmente y los fines de semana están para dar rienda suelta a estas nobles inquietudes.

¿Hay algo mejor que una jugosa tortilla de patata un viernes por la noche regada con abundante Estrella de Galicia? Cortar ese festival minimalista que nos traslada al momento a O Remo si ha salido de diez o a algún otro bar coruñés si ha salido de nueve es la mejor manera posible de acabar la semana laboral.

¿Hay mejor manera de volver a Tokio que preparar durante la mañana de un sábado un suculento ramen?

Ramen se escribe con R de Tokio

¿No sabe a roble vasco y a xirimiri un enorme chuletón madurado de vaca gorda y vieja asado a la brasa acompañado generosamente por buen vino tinto?

¿No sabe a Roma una carbonara bien hecha? spaguetti, guanciale, yema de huevo, pecorino, agua y sal para una orgía de sabor.

¿Acaso hay mejor manera de viajar a Alicante que preparando un arroz del señoret y comerlo desde la paella con un poco de all i oli?

La felicidad del huevo frito

¿Se puede saber más a Portugal que abriendo las conservas de Tricana, los patés de sardinha y preparando un bacalhau a bras o un arroz de tamboril? Con Super Bock, por supuesto.

¿Qué mejor manera de beber cerveza de trigo que acompañada por curry wurst, por kartofen salad y por buletten? Las guirnaldas de luces nos llevan al biergarten berlineses directamente, sin escalas.

Del biergarten al cielo

¿Hay alguna manera de estar más en Salamanca que amasando y rellenando copiosamente un hornazo?

Y hacer pasta fresca con anchoas, limón y parmesano, y hacer una fondue Bacchuss, y preparar una barbacoa con frango ao carvao y costillas que se deshacen, y hacer un risotto, y hornear una pizza, y versionar una hamburguesa del HD, y romper unos huevos con patatas y longaniza para ser felices, y, y, y…

Por supuesto, no debe faltar una buena ración de zorza para encher o bandullo e unhas cunquinhas y que el confinamiento sea cocinamiento.

Zorza y minimalismo en loza blanca

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Continuará.
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La cuarta semana del estado de alarma abarcó del 6 al 12 de abril de 2020
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A Luz10 las patatas llegan en sacos de 20 kilos y se consumen con avidez. Las lleva un hombre amable, humilde, buena persona. No es muy alto, tiene el pelo ensortijado que ya va caneando y la piel curtida. Normalmente son monalisa, muy buenas. El coche de este hombre es una vieja tartana destartalada, a veces viene con alguno de sus hijos.
Cuando escribo estas líneas hace más de 2 meses que no puede venir, que no puede ganarse la vida llevando sacos de patatas de 20 kilos a casas en las que todo es más fácil que en la suya siempre con una sonrisa. No creo que lo esté pasando bien. Eso me da rabia.
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Una entrada realizada con textos, fotos y recetas obra y gracia de su más fiel y seguro servidor ©pedro iván ramos martín.
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Puede probar a compartir todo esto ya que si ha llegado hasta aquí es que algo le ha interesado. Si usa las fotos, cite autor y procedencia.
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bonus track.

2 thoughts on “diario de un perro verde (v)

  1. Hola,

    No soy leista.; soy sureño y me llamó Vicente.
    Lutton Gant es el culpable de que conozca tu blog, o lo que quiera que sea esta maravilla.
    Te leo y te miro y pienso en las horas que me has hecho perder. Sólo por eso, gracias.

    Me da que te conozco mejor que a mí y ni siquiera hemos compartido una cerveza.
    Eso (ya lo habrás imaginado) es gracias a tus fotografías y tu manera de darles palabras (por cierto, que escribes muy bien).

    Y nada más.
    Quédate con esto: que me gusta lo que retratas y me parecía importante darte las gracias.

    Suyo afectísimo (tu diario de confinamiento es pura franqueza, rutina y luz; como para no afectar).

    Vicente Fernández Almazán

    • Hola, Vicente.
      pues… qué decir… uno de los mensajes más bonitos que ha recibido este blog ( o lo que sea). Estas cosas son las que motivan para seguir rellenando este pequeño espacio, así que un honor haberte hecho perder ese tiempo y muchas y sinceras gracias por el mensaje.

      Le agradeceré a Lutton la difusión de esto.

      Un abrazo.

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