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Boby Tampoco es un perro

Permítanme que hoy les hable de Boby.

Aunque pudiera parecer lo contrario, no es el nombre de un perro y a buen seguro que muchos de los arquitectos que lean esto y que haga tiempo que peinan canas les sonará que en muchos estudios, junto al tablero de dibujo y lleno de láminas de papel vegetal, estilógrafos, lapiceras, gomas de borrar, botes de tinta china y cuchillas de afeitar había un maravilloso contenedor con cajones, huecos y ruedas que respondía al nombre de boby.

Artefactos similares los hubo de varias marcas, pero sólo uno era el auténtico. Solo uno era el original diseñado por Joe Colombo allá por 1970. Me da cierto escalofrío pensar que un objeto que es tan solo un puñado de años mayor que yo, se ha convertido en un icono del diseño industrial y que está en la colección permanente del MOMA. Y es que servidor de ustedes no ha estado en tan insigne museo ni de visita -cosa que deberé remediar antes o después, naturalmente-

boby en la expo de Basel ©pedro ivan ramos

boby en la expo de Basel ©pedro ivan ramos

El Boby que yo tuve, en realidad, no era tal si no un cacharro similar diseñado por Giovanni Pelis para Neolt y he de confesar que no fue hasta una visita al Vitra Design Museum, en Basel, que coincidió con una exposición sobre Joe Colombo cuando descubrí la auténtica pieza-mito… y al mito de Colombo. Hasta entonces, a mi querido trasto porta-cosas, siempre le llamé boby.

Colombo en el Vitra Design Museum ©pedro ivan ramos

Colombo en el Vitra Design Museum ©pedro ivan ramos

cacharro guardacosas de Giovanni Pelis

cacharro guardacosas de Giovanni Pelis

Pero centrémonos en el diseño de Colombo. Esta unidad de almacenaje realizada en inyección de plástico ABS de 43×42 cm y alturas de 52.5, 74 y 94.5 cm es una colección rodante de huecos, estantes y cajones pivotantes que ofrecen una increíble versatilidad, lo que ha llevado al fabricante B-line a reeditarlo junto con otras piezas de los ’60 y ’70.

Originariamente Boby era ligeramente distinto a como le conocemos ahora. Por un pequeño matiz: antes los arquitectos dibujábamos sobre el papel. Con tinta china. Con pulso certero y firme. apoyándonos en el modesto paralex o en el mucho más tecnológico tecnígrafo.

boby de los '70 para arquitectos que dibujaban en papel

boby de los ’70 para arquitectos que dibujaban en papel

Su fabricante original fue Bieffeplast S.p.A. (Padua, Italia) y las medidas 73.7 x 40.7 x 42.8 cm (la versión de tres módulos). Como en su origen estaba orientado a arquitectos, tenía en la parte superior unos huecos en los que se podían acomodar maravillosamente bien tubos con planos y láminas de gran formato, reglas (como Excalibur, mi regla metálica de 120 cm que tantos planos cortó en DIN-A1).

Dado que su fabricante actual lo destina a «habitaciones de casas, oficinas, consultas y laboratorios» esta característica ha pasado a mejor vida aunque se puede quitar la tapa que dejaría abierto ese hueco.

el sello de la verdad

el sello de la verdad

Como hemos dicho, es un elemento modular – al que modula, dios le ayuda-. Así que para definir completamente un boby, tenemos que ponerle el apellido adecuado y este vendrá dado por el número de elementos y el número de cajones. Así, un boby 3/2 tendrá 3 módulos y dos cajones -por tanto, dos huecos diáfanos. Un Boby 4/5 tendrá 4 huecos y 5 cajones, por tanto tres cajones pequeños en un hueco, dos cajones altos en otro y dos huecos libres.

Por supuesto, debo confesar que en la medida de lo posible, algún día tendré un boby. Por ciertas tendencias sibaritas de quien les escribe, lo correcto sería tener la versión que está en el MOMA: fabricado por Bieffeplast, en color rojo -también me valdría el blanco-, altura 73,7 cm y, naturalmente, un 3/3.

boby que te quiero boby

boby que te quiero boby ©pedro ivan ramos

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En 1971 el boby ganó el Premio SMAU de Milán. Precisamente ese fue el año de la muerte de su creador.

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Joe Colombo fue un diseñador revolucionario pero quizás no ha tenido la trascendencia que merecía. Conviene dar un repaso a algunas de sus obras para descubrir que hay más cosas de Colombo en el imaginario popular de las que parece.

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El boby supuso el germen de lo que más de treinta años después Vitra y los Bouroullec bautizarían como la oficina flexible donde el trabajador no tiene un puesto de trabajo fijo si no que tiene sus pertenencias en una pieza de almacenaje rodante y en función de las necesidades de cada momento ocupará un puesto u otro.

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Un día les hablaré de mi perro, que en parte cede su nombre al título de esta entrada.

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Hablando de nombres de perros. Tadao Ando tenía uno que se llamaba Le Corbusier, en lugar de Boby.

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Un texto original de su fiel y seguro servidor © Pedro Iván Ramos Martín

 

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