© pedro ivan ramos martin luz10.com villa mairea

Villa Mairea

En el invierno finlandés la noche es larga y alberga horrores. Por eso los pobres muchachos rubios deben hacer las obras en sus carreteras durante el verano y también por eso el límite de velocidad es de 80 kilómetros por hora.

Estas dos circunstancias hacen que los escasos 160 kilómetros que separan Turku de Noormarkku, junto al salvaje número de radares que infestan el recorrido cada 300 metros, puedan ser un calvario de más de 4 horas de coche, retenciones, adelantamientos a camiones cargados con troncos recién cortados Twin Peaks style y mucha desesperación viendo que no íbamos a llegar a la visita que teníamos concertada en la Villa entre las Villas: La Mairea.

Hace un tiempo ya apareció esta joya en este humilde blog, pero eso fue antes de visitarla, recorrerla, olerla, oírla y tocarla.

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He ahí, la villa entre las villas. La villa por antonomasia.

Como les comentaba en la introducción, la carretera entre Turku y Noormarkku hizo que llegásemos a la Mairea más de media hora tarde al tour guiado de 40 minutos de duración, con lo que la visita en inglés ya había empezado y casi terminado. La casa estaba cerrada a cal y canto. Con una profunda decepción solo comparable a cuando nos sucedió algo muy parecido el día que fuimos a ver la Villa Katsura en Kyoto comenzamos a deleitarnos con ese exterior tantas veces visto en imágenes.

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Lo importante es llegar. Papá, no corras.

A través de las ventanas podíamos ver al grupo en el que debíamos estar y como los cachorrillos que miran tristes desde las urnas de las tiendas de mascotas -recuerden, no compren, adopten– moqueábamos contra el titilante vidrio mientras los afortunados visitantes disfrutaban de ese interior cálido, acogedor, místico… y nos miraban de manera altiva haciéndonos sentir unos perfectos perdedores. Lo éramos.

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Dentro, nuestro supuesto grupo

Pero al igual que en la Katsura, el Karma iba a seguir estando de nuestro lado. Cuando nos asomamos por las aperturas circulares de la puerta de entrada una finlandesa abrió de repente la puerta. Le explicamos que seguramente al inicio de la visita guiada debieron echar en falta a un par de personas humanas y que, efectivamente, los que faltaban del grupo éramos nosotros.

Ante esta situación nos dio tres opciones: entrar a los últimos minutos de la visita, con lo que la broma saldría por 2,5€ el minuto -demasiado para cualquier arquitecto friki de hoy en día-; volvernos con el rabo entre las piernas habiendo estado ALLÍ pero sin haber entrado -una especie de coitus interruptus arquitectónico- o… esperar una hora y meternos en el grupo en finlandés que tenía un par de plazas libres.

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Mirando a través del agujerillo…

¿Finlandés? ¿quién dijo miedo?. Realmente no hace falta conocer demasiado el idioma para babear delante de la escalera de la Mairea así que la duda ofendía.

Visitar este icono no es tan fácil como pudiera parecer. Hay que concertar la visita con antelación y los grupos son muy reducidos por lo que en verano suele haber más demanda que oferta y es posible que haya que planificar el viaje en función de esta visita. En el interior está absolutamente prohibido hacer fotos y sólo se accede a la entrada, el comedor, el salón y esa especie de invernadero. La biblioteca se ve desde la puerta y la planta superior se supone que es de uso privado. Un cordón gordo viola la escalera e impide el paso.

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La planta superior es de uso privado

Durante la hora de espera dio tiempo a escudriñar el exterior. En el patio destacaban la sauna y esa piscina que invitaba a zambullirse o al menos a meter los pies -cosa que no hice por decoro y para que no se arrepintiesen demasiado de dejarnos entrar en el siguiente pase-.

El día era cálido y la visita estaba prevista a las 14:00. Había oído que los mosquitos eran monstruosos y voraces en las inmediaciones de la Mairea, razón por la cual apestaba a Autan.

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En un momento de fría sensatez evité tirarme.

Tampoco se puede subir a la terraza para comprobar la estabilidad de la corbuseriana barandilla de barco hecha con troncos. Una pena. Había leído las aventuras postadolescentes de un grupo de prearquitectos bárbaros que tomaron la villa al asalto en el viaje fin de carrera, pero claro, eran los ’90. No se alarmen, ahora casi todos son gente de bien.

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A la terraza superior tampoco se podía subir.

Aún así, a pesar de no poder gamberrear ni trepar por doquier, ese exterior es, al menos, tan denso como el interior. Cuajado de detalles maravillosos. Destilando una elegancia y una sutileza impresionante.

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destilando clase.

Como ya hice un brevísimo resumen de la casa en el enlace que les indicaba al principio y como sería una tarea absurda el intentar aportar nada al tremendo artículo que Stepien y Barno desarrollaron sobre la Villa en su blog, hoy me limito a contar la experiencia de visitarla y a mostrarles alguna de las fotos que hice.

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por fotos no será, no.

De hecho fue tan intenso el momento arquitectónico y tan profundo el éxtasis que me arranqué a hacer un par de apuntes en mi Moleskine. Nunca he sido uno de esos arquitectos virtuosos del dibujo, pero siempre me ha gustado. Y como no se presentan demasiadas ocasiones de tranquilidad y sosiego en los viajes que en Luz10 nos metemos entre pecho y espalda, me abandoné al intenso gozo de garabatear un papel en blanco con un pilot.

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Postureo arquitectónico superlativo.

Así conocimos al gran Masse, un enorme finlandés que intrigado por mi esperpéntico dibujo entabló una amena conversación y nos contó que en su pueblo, Kuortane, a unos 25km de Seinajoki, nació Aalto. Por supuesto estábamos invitados y, naturalmente, no fuimos. Curiosamente Masse no era arquitecto ni tenía ninguna relación con la arquitectura pero un amigo se iba a hacer una casa y estaba cogiendo ideas. En la Mairea. Bien por el amigo de Masse.

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Nada, aquí… cogiendo ideas.

Por delante teníamos una plácida hora para dar vueltas a la casa, para dibujar el patio sentado en una Side chair de Bertoia, para conocer a los lugareños, para dar más vueltas, en sentido contrario si fuere necesario. Una hora para mirar embobado todo. Una hora para tratar de imaginarme a mí mismo en ese preciso lugar pero con 45ºC de temperatura menos y un gélido manto blanco cubriéndolo todo, tomando una sauna y saliendo corriendo desnudo y agitando los brazos con alborozo para tirarme a la piscina o hacer la croqueta en la nieve y volver a meterme en la sauna. Luego repetir el proceso y poder morir en paz con la naturaleza…

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sauna, piscina, sauna, piscina, cerveza, sauna… y así.

Así, absorto en profundos pensamientos, tras haber comprobado in situ la absoluta integración de la arquitectura Aaltiana con la naturaleza, la tremenda armonía entre lo construido y el bosque existente llegó la hora acordada y entramos. Esta vez los primeros. Los raritos que no entendían el finés.

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una de los 10 millones de fotos posibles.

Tenía una triple tarea en ese momento. Por un lado, obviamente, flipar mucho con todo aquello y absorber la arquitectura que de allí emanaba por cada poro de mi piel. Tocar la barandilla, acariciar la rafia que recubre el pilar negro redondo. Descubrir que, evidentemente, Aalto intimaba con Maire Gullichsen en la biblioteca; no hacerlo sería inconcebible…

Por otro lado, dada la expresa prohibición de sacar fotos y de entrar con ningún dispositivo capaz de tomar imágenes, dibujar -o al menos  intentarlo- la escalera, el detalle de los escalones, la lámpara del comedor…

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Ahora sí que íbamos a entrar

Y por último, hacer fotos sin que se enterasen con un triste teléfono.

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¿foto del interior? ¿qué foto del interior?

Visitando esta obra y la casa de Munkiniemi uno se da cuenta de que una de las claves en la hechizante arquitectura de Aalto era que a este buen hombre le gustaba vivir bien. Disfrutaba de la vida y hacía que sus diseños reflejasen y facilitasen ese gusto existencial. Todo es amable, acogedor, funcional.

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Aquí Aalto las liaba pardas.

La Mairea es una casa de 1937 en la que todo el mundo querría vivir, no como otras obras icónicas que en realidad, por muy maravillosas que sean, no sirven para ser habitadas como la Saboya (1929), la Falling Water (1936) o la Schröeder (1924); todas ellas viviendas de las que el amigo de Masse saldría horrorizado diciendo, quizás entre lágrimas y con los ojos inyectados en sangre, que no hay quien entienda a los arquitectos.

Lo normal.

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Espero que disculpen la ínfima calidad de las dos últimas fotos, pero haciéndolas a escondidas, con el teléfono y sin mirar mientras se pone cara de vaca viendo pasar el tren no me salieron mejor.

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Las entradas para la Mairea no son baratas, 20 eurazos por 40 minutos escasos que dura la visita del interior sin poder hacer fotos, pero cada céntimo merece la pena. Eso sí, la Mairea Foundation está exprimiendo el buen nombre de Alvar Aalto hasta el extremo… pero muy simpáticos, oiga.

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Dudo que Messe lea Luz10, pero desde aquí le mando un saludo. El próximo día que pase por Kuortane preguntaré por él.

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Uno de los intensos placeres de conducir por las carreteras locales finlandesas es que es fácil encontrar un precioso lago en el que parar a comer alguna vianda comprada en un pequeño supermercado de pueblo.

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Como muchas veces digo, esos lujos casi gratuitos que ofrecen los viajes son de valor incalculable. Y es que dar cuenta de una cajita de arándanos y frambuesas a orillas de uno de esos lagos bajo el agradable sol de Agosto no tiene precio.

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La siguiente parada tras el piscolabis lacustre iba a ser en una cabaña en la región de los Mil Lagos. Un lugar donde quedarse una temporada para alejarse y olvidarse de todo del todo. Permanezcan atentos.

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Si usan alguna de estas fotos citen su procedencia, no sean cibersabandijas…

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Los textos y las fotos son originales de su seguro y fiel servidor © pedro iván ramos martín. Algunas son clandestinas y arriesgué mi honra para conseguirlas, ténganlo en cuenta y compartan esta entrada en estas fechas tan entrañables.

7 thoughts on “Villa Mairea

  1. ¡Enhorabuena por el artículo! Me he tropezado con él buscando información para visitar Villa Mairea y me ha encantado leerlo. Además de ser interesante e informativo, da gusto leerlo por lo ameno y lo bien escrito que está (algo esto último muy difícil de encontrar hoy en día, lamentablemente).
    Quería preguntarte si sabes si se puede merodear por los exteriores de Villa Mairea libremente, o hay algún tipo de restricción que impida acercarse, como una verja que se cierre a ciertas horas o determinados días. El caso es que vamos a estar por la zona, pero desgraciadamente será un domingo y los domingos no hacen visitas guiadas, por lo que nos va a ser imposible visitar el interior. Entonces no sé si merece la pena que nos desplacemos hasta allí de todas formas, aunque sólo sea para ver la Villa por fuera, o si nos vamos a encontrar un recinto vallado o algo así, que pueda estar cerrado, y ni siquiera nos vamos a poder acercar.
    Muchas gracias de antemano. ¡Un saludo!

    • Hola, Silvia.
      Me alegro de que te haya resultado interesante… y útil.

      A la Mairea se llega paseando por un caminito entre los árboles. Está en una urbanización (bueno, algo así… digamos que en las cercanías hay más viviendas) y no recuerdo ningún tipo de vallado ni nada parecido.
      Por ejemplo en Muuratsalo sí, ahí si no es con la visita concertada no se puede acceder a la vivienda, pero en la Mairea en principio es posible acercarse sin problema.
      Hace ya casi 4 años de la visita y ha podido cambiar: antes se podían hacer fotos en el interior y cuando estuvimos estaba totalmente prohibido. Yo, por si acaso lo intentaría. Es un exterior que bien merece la pena.
      Disfrutad del viaje.

  2. Muchas gracias, Pedro, por tu rápida respuesta. Definitivamente, nos pasaremos entonces a ver los exteriores.
    La información sobre Muuratsalo me viene fenomenal porque también teníamos intención de ir por allí (como podrás deducir, somos colegas, jeje), así que ahora mismo me pongo a indagar lo de la visita concertada.
    Nuevamente, muchas gracias.

    • Hacer un viaje recorriendo la obra finlandesa de Aalto es una experiencia brutal.
      Aquí fui poniendo entradas sobre nuestras visitas y algo de información útil se puede sacar.
      Casi todas las obras icónicas las gestiona la Fundación Aalto y en su web hay información para las visitas: https://www.alvaraalto.fi/en/visit/

      Si vais a la Mairea y a Muuratsalo espero que entre medias paréis en Saynatsalo.
      Aquí la entrada de luz10: http://www.luz10.com/saynatsalo/

      El ayuntamiento es visitable en horas de oficina. Simplemente ir y pasear el edificio. De las pocas cosas aaltianas gratuítas que hay.
      De Saynatsalo a Muuratsalo hay un paso. El meeting point de la visita está un poco escondido, es mejor ir con un poco de tiempo por si acaso (nosotros fuimos pilladísimos y si el grupo empieza la visita sin vosotros… baibai)

      Aquí el post en luz10: http://www.luz10.com/experimentos-en-muuratsalo/

      Si vais a Helsinki no dejeis de visitar el Instituto Nacional de Pensiones. Si les mandáis un mail podéis visitarlo y es gratis también.

      Si vuelvo a coger carrerilla con el blog, completaré el viaje Aaltiano.

  3. ¡Bueenoo! No sé cómo agradecerte toda esta información. He echado un vistazo a los posts y he visto que tienes un montón de fotazas espectaculares. Si ya tenía ganas de ir… ¡¡ahora ya estoy salivando!! Voy a leer con tranquilidad los posts y si tengo algún comentario o pregunta te lo dejaré en la entrada correspondiente.
    Claro que tenemos previsto pasar por Saynatsalo; de hecho vi que en el propio edificio del Ayuntamiento hay alojamiento turístico, pero el precio me hizo rechazar la idea de alojarnos ahí.
    También vamos a visitar Jyväskylä, Helsinki, Espoo… Sí, es un tour bastante centrado en la obra de Alvar Aalto, aunque tampoco queremos que sea monotemático porque nos acompaña un hijo adolescente que no comparte todas nuestras inquietudes y no queremos terminar repudiados.

    • Gracias por los cumplidos, jajaja.
      El viaje que vais a hacer es muy similar al que hicimos nosotros.
      Aterrizamos en Helsinki, cogimos un coche de alquiler y fuimos hasta Paimio y Turku. De ahí a la Mairea, los Mil Lagos, Jyvaskyla y Helsinki. De Helsinki pasamos a San Petersburgo en ferry… y, bueno, preferimos la civilización escandinava a la barbarie rusa.
      Una cosa espectacular que se puede hacer si vais en verano, es ir a alguna cabaña en la zona de los Mil Lagos. Son estaciones de esquí y en verano es temporada baja. Son cabañas de madera individuales con varias habitaciones en medio de un paisaje espectacular… y con sauna.
      Al ser verano es temporada baja y están tiradas de precio. Nosotros creo recordar que la localizamos por booking. Y es una experiencia absolutamente recomendable.
      Jyvaskyla está muy bien… tengo el post escrito a falta de meter las fotos. El museo Aalto merece mucho la pena.
      y Helsinki… es, simplemente, deliciosa.
      Además de lo Aaltiano, la propia ciudad, la visita a Suomelina, cacharrear por las tiendas de Artek, marimekko, Iittala…. me están dando ganas de volver.

      • Pues sí, el viaje va a ser básicamente igual que el tuyo (sospecho que te copiaste). Aterrizaremos en Helsinki, cogeremos un coche de alquiler y haremos el mismo circuito que has contado tú. Incluso también vamos a coger un ferry al final, aunque nuestro destino va a ser Estocolmo para ahondar en la cultura escandinava, jejee. También tenemos echado el ojo a alguna cabaña por la zona de los Mil Lagos. Resulta apetecible y los paisajes deben de ser de ensueño.

        Voy a marcar la casilla para recibir notificación cuando publiques algo nuevo y así no me pierdo la entrada de Jyväskylä.
        ¡Seguiré por aquí un tiempo mientras continúe con los preparativos!

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