Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Principio de Incertidumbre

La vida es, en general, una cosa muy loca.

Desde los cada vez más lejanos tiempos en los que fui un imberbe estudiante de BUP – para los más jóvenes, era una cosa en la que hasta los de ciencias estudiábamos latín, literatura y filosofía… otro día les cuento de qué iban esas asignaturas- siempre me fascinó el principio de incertidumbre de Heisenberg… ay, perdón, de este otro Heisenberg. Este principio dice, así, a lo bestia, que cuanto más sepamos de la velocidad de una partícula menos exactamente conoceremos su posición. O lo que es lo mismo, que no se puede determinar con exactitud la velocidad y la posición de esa endemoniada partícula pues cuanto más sabemos de una, más desconocemos la otra.
Incertidumbre.

Vámonos a Tokyo.

Poner un pie en Tokyo es algo que a uno le pone en su verdadera magnitud: la de una insignificante partícula. Estamos hablando de la megalópolis más potente del mundo con más de 13.350.000 habitantes en lo que viene a ser Tokyo-Tokyo (aún más que el mismísimo centro de Bilbao, ojo) y más de 36.000.000 en el Gran Tokyo. Treinta y seis millones de personas. La mayor aglomeración urbana del mundo.
Me comprenderá cuando digo que uno se siente absolutamente insignificante, en especial si entra por la puerta grande, como hizo servidor de ustedes.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Un japonés en una escalera: nunca se sabe si sube o si baja

La llegada a la capital nipona fue un tanto accidentada. Tras haber tenido cierto problemilla con el Shinkansen que debía coger, llegaba demasiado tarde sin conocer la Estación Central ni el tren con el que debía enlazar. Es decir, ir con el tiempo justo en un lugar como esta ciudad siendo además la primera vez -que nunca es la mejor- no es la más sensata de las opciones. De la estación Central había que coger la línea Yamanote hasta Shinjuku, a la sazón, la estación más colapsada del planeta utilizada por más de 3,5 millones de personas cada día. Tras una serie de peripecias y agobios y desatinos y calamidades y, sobre todo, incertidumbre, muchísima incertidumbre conseguí llegar a buen puerto, sólo unas escaleras me separaban de una de las visiones arquetípicas de Tokyo: Shinjuku a media noche.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Bienvenidos a Tokyo. Luces y Acción.

Esta primera bofetada que da la ciudad impacta. Como la partícula de Heisenberg uno ya no sabe si va o si viene. Por un momento las delicadas celosías de madera de Kyoto se convierten en rascacielos con pantallas gigantescas en las que pasa una publicidad incesante. Los arces dejan paso a miles de neones. Las Geisas a todo tipo de mercadeos sexuales en Kabukicho, donde se situaba el hotel cápsula en el que habría que pasar la noche. Aparentemente iba a estar rodeado de yakuzas, prostitutas, karaokes y locales tan perversos como extraños. O eso me gustaba pensar para dar cierta épica al viaje y poder escribir sobre fascinantes experiencias vitales al límite. Al final no fue tan bizarro como se planteaba, pero, oiga… bien adornado tiene un pase.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Kabukicho. Si pasa por esa puerta, que sea bajo su responsabilidad.

Pasar de un ryokan a una cápsula es un ejercicio vital que recomiendo vivamente. No por nada en especial, sino porque ya que uno está allí, habrá que intentar averiguar por qué los japoneses están tan rematadamente pirados. Uno de estos establecimientos hosteleros ideados para albergar japoneses borrachos que perdían el último tren que les llevaría a casa -curiosamente yo casi pierdo el último tren que me llevaba a Kabukicho, paradojas del destino- en los que sencillamente se va a dormir y darse un baño, ducha o lo que se tercie por la mañana ofrece todas las comodidades que usted podría esperar de las cámaras de hipersueño de la Nostromo. O alguna más, como el canal porno-pixel que ofrece la televisión local. Ni me pregunten ni intenten comprender el tema de los pubis pixelizados.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Siéntase como en la Nostromo de Alien y goce… si puede.

Despertarse con resaca en uno de esos lugares debe hacer que el mantra no vuelvo a beber se convierta en realidad en al menos dos de cada diez casos. Y una resaca de sake debe ser algo aterrador.

Por la mañana Shinjuku es distinto. Los jakuzas, las rameras -o lo que fueran- y los japoneses pervertidos y/o borrachos dejan paso a gente aparentemente más normal. De alguna manera lo que el cuerpo pide es seguir en esa marea humana y ya que se ha empezado Tokyo por ese lado, pues seguir con la temática hipermetropolitana.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Shinjuku de día. Que nadie pise la línea.

Y Para eso nada mejor que ir de Shinjuku a Shibuya. De la estación más transitada del mundo al celebérrimo cruce. El más abarrotado del mundo, dicen.

Una de sus peculiaridades además de la ingente cantidad de humanos que lo cruzan es que el paso para peatones se abre y se cierra por completo en todo el cruce lo que permite hacer diabluras varias y diagonales impensables como si un ejercicio de Vitaly Scherbo se tratase.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

3, 2, 1… crucen!

Esta zona es caótica, abigarrada y ruidosa hasta el extremo. Música, jaleo, gente, tiendas, carteles, luces… todo parece diseñado por una mente demenciada para hacer que el tokiota medio se deje los yenes por doquier. Y a fe que lo consiguen.

El punto culminante de este hervidero de hormonas adolescentes y adultescentes es el gran centro comercial Shibuya 109, donde si usted quiere vestirse de colegiala locuela, de princesa pícara, de diablesa o de una imposible mezcla de todo lo anterior debe ir obligatoriamente.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

vuélvase loco de remate en este sindiós.

A mí, que el Corte Inglés me marea y acogota, esta experiencia me supuso algo así como descender al infierno de Dante para asistir perplejo a un espectáculo que difícilmente puede encontrarse en otro lugar del mundo. Y mucho menos en las inmediaciones de Valladolid.

Curiosamente, poco a poco, uno se va haciendo a Tokyo. A conocer su posición y a dejarse llevar al son de lo que le marque la ciudad.

Tokyo Luz10 © pedro ivan ramos martin

Japón: la alegría de vivir

Por si no lo recuerdan, habíamos empezado esta entrada Heinsenbergiana sintiéndonos partícula. Absurda e insignificante. Sin conocer muy bien ni nuestra posición ni nuestra velocidad. Siendo presa de la incertidumbre más atroz y haciéndonos conscientes de ella. Sintiéndola en cada poro de nuestra piel. Dándonos cuenta de que lo único que podemos dar por seguro es que nada se puede dar por seguro.

No me pregunten por qué, pero estoy convencido de que las cosas son como son porque es así como deben ser. Veo a cada uno de nosotros en nuestras ridículas existencias tratando de hacer algo con nuestra vida como si el sobrevivir no fuese suficiente. Sabiendo que si sabemos dónde estamos no conoceremos a la velocidad con la que nos alejamos de ese punto. Que todo es incierto y que la certeza es sólo una quimera. Que podemos empeñarnos en cambiar algo de nuestra azarosa existencia pero que es posible que sea inútil debido, claro, a la naturaleza casual de las cosas,  entonces, ¿acaso pueden estar seguros de algo? ¿pueden dar alguna verdad por inmutable y universal? ¿podrían decir la velocidad y la posición de la partícula y, por ende, de ustedes mismos? ¿no? pues entonces déjense llevar por la vida y permitan que les sorprenda. A veces es magnífica.

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Tokyo no es Shinjuku ni Shibuya. No se alarmen, queda mucho Japón por recorrer.

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De Shibuya 109 a Muji. Sólo les he desvelado una parte del pastel.

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Me van a disculpar cierto agarrotamiento y torpeza a la hora de escribir. Hacía casi un mes que no pasaba por aquí y, créanme, si les cuento mis peripecias de este mes, no darían crédito.

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Un texto torpe y mal escrito y unas fotografías seguramente más afortunadas de su siempre fiel y seguro servidor © pedro iván ramos. Usen lo que quieran como les plazca, pero citen la procedencia y si sacan provecho económico, repartan, no sean avaros.

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Quizás a su vecina, a su carnicero, a su taxidermista de confianza, a su amigo del alma o a su amante les interese leer luz10. Compartan y difundan por el bien de la humanidad.

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