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memories V: la pelu

Mi primer peluquero se llamaba Lisardo.

Tenía una peluquería en La Coruña, al lado de la plaza roja en un local que hacía esquina.

Lisardo solía alabar la sorprendente cantidad de pelo que atesoraba mi cabeza.

Más de 30 años después todo ha cambiado un poco, en especial esa sorprendente cantidad de pelo.

Lisardo era un hombre que por aquel entonces me parecía muy mayor, pero a los niños todo el mundo le parece muy mayor. Con el pelo cano aunque abundante y muy cuidado. Era bastante delgado e iba ataviado permanentemente con su bata. Tenía una buena colección de tijeras que a mi me parecía que usaba con brío y siempre guardaba un peine en el bolsillo del pecho de esa bata.

El local de Lisardo era austero. La puerta estaba situada a la izquierda y el resto del frente era un ventanal protegido con una veneciana metálica verde. En ese ventanal estaba rotulado “peluquería de caballeros Lisardo “. Me gustaba cómo estaba escrita la ele.

Al entrar, a la derecha, estaban las sillas donde esperar y alguna revista deslavazada.

En el frente 3 sillones de peluquería y a la izquierda de estos una pila con un asiento donde Lisardo lavaba las cabezas. Algunas cabezas, pues como yo elegía la tarifa económica, Lisardo nunca me lavó la cabeza. ─ Ya me he lavado el pelo en casa, le decía. Así que Lisardo me lo mojaba un poco y comenzaba la faena.

Frente a los sillones de peluquería, que podía subir o bajar con un pedal, había un gran espejo corrido que duplicaba el espacio.

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Así debía ser mi cabellera mediados los ’80

Al final de mis días coruñeses el peinado a la taza lo petaba, o como diría un millennial, era tendencia. Era cosa de pijos, por supuesto, como llevar los pantalones 4 dedos por encima de los tobillos, y yo era muy antipijo, así que me gustaba cortarme el pelo corto y llevarlo de punta. Según una añorada profesora del colegio (Doña Amalia, un saludo desde este humilde blog) le recordaba a una especie de improbable fusión entre los dos protagonistas de un comic: Pelopincho y Cachirula. He de decir que a finales de los 80 el juntaletras que les escribe estaba fuertecito.

En alguna ocasión traicioné vilmente a Lisardo y fui a la peluquería de El Corte Inglés. Supongo que porque empezaba a tener esa edad de ser idiota que me duró, aproximadamente, dos décadas.

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densidad capilar a los 15 meses

Abandoné La Coruña en 1990, viví en Salamanca unos cuatro años y acabé estudiando en Valladolid en el ocaso de 1994. Fui a varias peluquerías sin nada memorable que contar. Pero en 2002 sucedió algo: conocí a mi peluquero de los últimos 15 años.

En este tiempo he ido con la cabeza rapada durante largas y reiteradas temporadas, pero cuando volvía a ponerme en manos de un profesional siempre volvía a él.

Visitar a este nuevo peluquero hace tres lustros fue, como tantas otras cosas, azuzado por la que estaba llamada a ser mi señora con el devenir del tiempo. La experiencia fue epatante. Aquel hombre manejaba las tijeras a la velocidad del rayo y pegaba tijeretazos certeros sin apoyarse siquiera en la firme guía del peine. Si ustedes se imaginan a Eduardo Manostijeras trabajándoles la cabellera se harán una idea aproximada de las habilidades de Rubén, un joven mañoso con los instrumentos de corte y afeitado que centelleaban en sus manos con inusitada y veloz  soltura. Siempre fuimos confiantes en sus habilidades, pero a pesar de ello, cuando terminaba lo primero que uno hacía, antes de ver el peinado en el espejo, era comprobar si todas las orejas seguían en su sitio. Seguían.

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No se alarmen: las orejas permanecerán pegadas a la cabeza

Una vez probado, ya no había vuelta atrás. Seguimos su rastro a través de varios locales hasta que hace ya un tiempo Truko se asentó, parece que definitivamente, en un local en el barrio de la Victoria, en la inhóspita ciudad de Valladolid.

Empieza el show © pedro ivan ramos martin | www.luz10.com

Manos a la obra

De esta manera, después de que ha ido viendo como mi inusual mata de pelo se iba retirando lenta pero irreversiblemente con el paso de los años, después de habernos acicalado a horas intempestivas el día que Lady C y servidor oficializaron su apego en el Ayuntamiento de la plateresca Salamanca, después de tantos años y tantos tijeretazos, el primer corte de pelo de MiniP no podía ser en otro lugar.

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inicio

Allí se desembarazó de la frondosa e indómita melena que lucía y por alguna razón hice fotos, como a casi todo y me apeteció contarlo aquí.

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Final feliz

Aunque seguramente la próxima vez que decida raparme la cabeza sea ya la definitiva, al menos un Pedro Ramos se seguirá poniendo en las manos de Rubén  de cuando en vez.

Va a tener que hacerlo, es un Malospelos.

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Cliente satisfecho, peluquero contento o viceversa

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Truko Peluqueros está en la calle Villanubla, 38, en Valladolid. Lisardo hace muchos años que cerró.

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Gracias a Lady C la historia de Malospelos es una historia bonita. Como casi todo lo que toca.

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Para todos los jóvenes que mantienen una lustrosa mata de pelo: disfrútenla, no todo es para siempre. Los cuarentañeros lo sabemos.

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Si cazas el gallo, me guardas el pico.

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Una entrada cuajada de referencias ocultas y unas fotografías de su fiel y seguro servidor, © pedro iván ramos martín. Compártanla o no, que con estos calores uno no está para exigencias.

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El próximo día volvemos a la arquitectura. Palabrita.

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Bonus track

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