hygge © pedro ivan ramos martin | luz10.com

hygge significa bicicleta

Dicen que los daneses tienen hygge -pronúnciese jigue, juuga, huugue o algo así… yo que sé, si soy de Salamanca- que debe ser como tener flow pero en versión ser apestosamente feliz.

Porque sí, queridos lectores, los daneses son, en general -o al menos eso nos dicen- felices.

Las bases del hygge, parece ser, son muchas de esas pequeñas cosas que llevamos años pregonando en Luz10, pero después de pasar una semana en el epicentro danés, København, creo estar en disposición de afirmar con toda rotundidad que Hygge significa bicicleta.

Verán, en Luz10 tenemos la nefasta costumbre de viajar cuanto podemos. Somos esa clase de gentuza que va a ciudades que no son la suya a pasar periodos ociosos conociendo culturas distintas. Un loco sinsentido que, además, hacemos desde hace más de una década alquilando un pequeño apartamento en el centro de allá donde vayamos. Somos los destructores de las ciudades, los gentrificadores, los aniquiladores de la hostelería, los invasores de los centros históricos, los parásitos de las ciudades… y todo porque no nos gustan los hoteles pero sí los supermercados. Ya ven, monstruosos, que somos.

El caso es que en esta ocasión fuimos a Copenhague. Y lo que allí había eran BICICLETAS.

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¿Y mi bici?

Para alguien como servidor, para quien gran parte de la felicidad pasa por poder dar pedaladas de vez en cuando y que se brega a diario con las masas borreguiles que conducen artefactos motorizados de cuatro ruedas en lo más hondo de la meseta castellana; llegar a una ciudad donde hay cientos, miles, decenas de miles… centenares de miles de bicicletas circulando continuamente por doquier produce en primer lugar cierto estado de shock para pasar a la más pura, profunda y rabiosa envidia.

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bicicletas everywhere

─¿Es la pura, profunda y rabiosa envidia parte del Hyyge? , pregunta un señor gordo de la segunda fila.

─ Pues probablemente, caballero.

Cuando me preguntan si soy partidario de los carriles bici digo rotundamente que no. Pero claro, hablamos de los carriles bici de por aquí, que serían algo peor que caminos de cabras de montaña comparados con la red de autobahn alemanas o la red Shinkansen japonesa. Rectifico: yo sí quiero carriles bici, pero como los de Dinamarca.

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que me den estas infraestructuras

En Copenhague más del 60% de los desplazamientos urbanos se realizan en bicicleta por un 10% que se realizan en coche (el resto a pie o en transporte público) y, naturalmente, son felices.

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¿Con perro? pues en bici

Por el contrario aquí, ir en bici es, según dicen las masas enfurecidas, entorpecer el tráfico o cosa de perroflautas muertos de hambre y, cuando uno llega a algún sitio en bicicleta le miran con cierta condescendencia. A estas alturas de la película me he acostumbrado, pero sigo teniendo toneladas de envidia a esos daneses elegantemente vestidos, a esas danesas impecablemente ataviadas que se desplazan en bicicleta a sus trabajos. A esos padres y madres que llevan a su prole en el cajón delantero de sus Cristiania bikes. A esos niños que acuden en bici al cole. A esos abuelos que tienen su medio de transporte en un artefacto de dos ruedas y pedales. A esos mensajeros que vuelan con sus cargobikes por el centro de la capital danesa…

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dando envidia, destilando hygge

Pero les decía al principio que nos gustan los supermercados de los sitios. Nos gusta ir a un supermercado en Roma, en París, en Helsinki, en Berlín, en Portimao, en San Petersburgo, en Estocolmo, en Alicante o en Lisboa, porque en los supermercados se encierra una enorme parte de la idiosincrasia de un lugar pero de eso ya les hablaré en otro momento, que ahora íbamos a hablar de bicicletas.

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La idiosincrasia de un país

El caso es que aunque todavía no he podido recorrer París con un Ferrari al amanecer, sí que hemos hecho lo propio en Roma en una Vespa y no podíamos dejar pasar la oportunidad de repetir la experiencia con una Cristiania bike y recorrer una pequeña parte de la costa danesa, unos kilómetros de caminos por el bosque y unos cuantos más por el alfoz de København en busca de la paz espiritual y, de paso, de unas obras de Jacobsen y Utzon, que la cabra siempre tira al monte, ya saben.

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Aquí, sufriendo…

Como no podía ser de otra forma, la ciudad está plagada de tiendas de bicicletas, reparación y alquiler. Hay cerca de 700.000 de ellas circulando continuamente por todos lados, no parece que sea mal negocio. Quizás hayan visto esas bicicletas que en realidad son triciclos con un cajón de contrachapado delantero muy habituales por allí y que tienen su origen en el barrio fumeta de Cristiania. Alquilarlas es sencillo y caro, como todo por allí, pero merece mucho la pena

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El origen de las Cristiania bikes

Les diré que eso de echar a la familia al cajón delantero de la tricicleta y ponerse a pedalear por Strandvej como alma que lleva el diablo es algo que suena muy bien pero que el que suscribe pensó que fue uno de los grandes errores de su vida al recorrer los primeros metros con ese artefacto… y ya son unas cuantas decenas de miles de kilómetros las que he pedaleado.

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un BelAZ va mejor por aquí…

Verán, estos aunténticos BelAZ a pedales poco tienen que ver con llevar una bicicleta convencional. Como es lógico en las curvas uno no se puede tumbar sino que gira el manillar con la carga mientras por el sistema de bastidor que tienen se inclina el sillín y toda la parte trasera en un efecto esta mierda se me rompe” bastante inquietante. El freno es únicamente trasero y contrapedal, así que no esperen una gran potencia de frenada ya que entre el motor (yo mismo), el propio vehículo, el equipaje y los pasajeros, hay que detener unos 200 kg. Mejor no intentar apurar la frenada y tener muy presente lo de la fuerza, la masa y la aceleración.

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fue todo un placer

Y si mientras aquí uno se defiende con solvencia dando pedaladas urbanas; en una ciudad nueva con infraestructuras desconocidas, mucha gente que va MUY rápido y conduciendo esa suerte de tractor de tres ruedas, las primeras sensaciones son indescriptiblemente malas.

Luego, como a todo, y tras salirme recto en una rotonda, casi caerme en una curva y maldecir mil veces la estúpida idea que había tenido, se le coge el truco y se torna en una de las grandes experiencias vitales de quien les escribe.

En Copenhague, que es una ciudad plana como el vientre de la Schiffer en sus años mozos -cuña para desconcertar a los millennials que puedan leer esto- se circula maravillosamente bien por los anchísimos carriles bici que hay en absolutamente todas las calles y carreteras y es realmente sencillo orientarse. Parar en un semáforo junto al SAS de Jacobsen con 30 bicicletas detrás es una experiencia memorable.

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Su majestad, el SAS

Atravesando Norrebro se llega a la mencionada Strandvej, que es una carreterita que circula recorriendo la costa. Pedalear junto al Báltico hasta la gasolinera de Jacobsen -flipar-; seguir hasta el conjunto de Bellevue -flipar-; adentrarse por un bucólico camino en un bosque con el vértigo que da que el aparato se descontrole en una bajada y uno se de cuenta de la levedad de la vida y de lo fácil que es perderla haciendo una estupidez; llegar a la iglesia de Bagsvaerd -superflipar- justo antes de que cerrasen (gracias, amable señora por dejarnos disfrutar de ESE espacio pasada la hora de cierre); volver a poner rumbo a la capital para llegar a devolver el vehículo 10 minutos antes de que cerrase Baisikeli… hace que este día y esos 40 kilómetros queden grabados a fuego en mi memoria.

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Disfrutón

Confieso que vi muy de cerca la posibilidad de catástrofe tanto en el camino antes mencionado como en una bajada cerca de Bagsvaerd. Según strava la velocidad máxima fue de casi 40 km/h y ese trasto a esa velocidad me temo que no es algo para lo que esté diseñado. Como la experiencia es un grado, hoy habría ido más despacio en esas bajadas y todo habría sido mucho más placentero.

Supongo que el tema de llegar justo antes del cierre quita puntos de hygge, pero bueno, al fin y al cabo, somos arquitectos, vamos siempre con el tiempo pegado al culo y no vamos a ser más papistas que el papa ni más felices que los daneses. Al fin y al cabo, no somos más que unos envidiosos.

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Este debería ser el inicio de una serie de posts sobre Dinamarca, pero, ya saben, los de Finlandia aún están sin acabar. Supongo que he de pedirles paciencia.

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Si en Copenhague usan la bici abrumadoramente más que el coche, hace peor tiempo que en Valladolid, son más productivos, más ricos, más felices y más guapos que aquí… ¿no deberíamos pensar que a lo mejor son ellos los que lo están haciendo bien?

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Si quieren quedarse de cartón piedra con la exquisitez hecha bicicleta, pasen por la tienda de Sogreni. Eso sí, necesitarán un sueldo danés para salir de allí con algo comprado.

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Busquen su vieja y destartalada bicicleta. Mírenla con otros ojos y dénle una oportunidad. Quizás descubran un método de desplazamiento barato, eficaz, saludable y sostenible. Quizás sean un poco más daneses.

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Para la elaboración de este reportaje el juntaletras que les atormenta puso en riesgo la integridad de su amada, de su descendencia y de su 5D Mark IV. Ténganlo en cuenta, valórenlo como se merece y compartan esta entrada o no, pero monten en bicicleta.

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Un texto y unas fotos, como siempre, de ©pedro iván ramos martín. Si las usan, citen su procedencia, que no cuesta tanto.

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Luz10 no está muerto, está acumulando vivencias.

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Bonus track

2 thoughts on “hygge significa bicicleta

  1. Una bonita forma de reemprender el curso, qué agradable escrito.

    Yo soy otro destructor que gentrifica por doquier y que también gusta de hacer la compra en supermercados y colmados del lugar de destino, quizás debiéramos fundar gentrificadores anónimos 😀

    Oye, y lo de la condescendencia cuando apareces en bici, pensaba que solo me pasaba a mí, ¿será algo genuinamente vallisoletano?

    • Gentrifiquemos, que algo quedará… me quiero meter con el tema a raíz de la última parte del viaje en Lisboa. Mientras, seguiremos haciéndonos fuertes en los supermercados.

      La condescendencia es muy habitual sí. Solo puedo hablar de lo que pasa en el Valle del Dolor, pero estoy seguro que en Copenhague no pasa, no…

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