diario de un perro verde (xi)

Kitty Pryde es una mutante capaz de variar la densidad de su cuerpo a voluntad; lo que le permite atravesar objetos, volverse intangible. Este fenómeno se denominó entrar en fase y no se crean que era moco de pavo: pese a su diminuto cuerpecito, la hija de Chris Claremont y John Byrne fue pareja de Piotr Rasputin, Coloso, el gigante de acero.

Semana 10. fase 0 ,5

A estas alturas era claro y evidente que la región Castellano y Leonesa carecía del magnífico poder de Kitty Pryde para cambiar de fase. Junto con el área metropolitana de Barcelona y Madrid, los recios habitantes de esta estepa mesetaria éramos los únicos que continuábamos en una fase 0 ligeramente flexibilizada que algunos dieron en llamar fase 0,5. Parecía un chiste pero era lo que nos había tocado. Pese al eufemismo seguíamos en fase 0.

sin movimiento no hay avance.

En esta nueva semifase se permitía el acceso a ciertos comercios de menos de 400 m2 y a los concesionarios de coches sin cita previa. Lo cierto es que en los planes inmediatos de Luz10 no se atisbaba la posibilidad de ir a ningún concesionario de coches pero, en cambio, el poder ir a un vivero a comprar unas matas de tomates, calabacines y pimientos era un anhelo desde hacía semanas. El buen tiempo parecía que había llegado y el pequeño huerto de este hogar pedía a gritos un poco de acción.

zona restringida. Vivero el Alegre Pangolín

Durante el confinamiento había estado adecentando el patio, podando una hiedra que se había desbocado, poniendo cierto orden en la vegetación, preparando una burda tarima, reparando la valla de madera, ya saben, con la esperanza depositada en poder marcharnos con la furgoneta a algún desértico rincón alejados del mundo en cuanto nos diesen oportunidad, lo que implicaba no disfrutar de ese patio y a la vez implicaba disfrutar de no estar en el patio, un patio concebido para el goce más hedonista.

esperando su oportunidad… que llegará

No les voy a engañar si les digo que el no pasar de fase se había convertido en algo incómodo y tedioso. La diferencia entre una fase y otra no es que fuera abrumadora pero empezaba a ser asfixiante el no poder movernos, el seguir estáticos anclados en el punto exacto en el que llevábamos 3 semanas. El no poder ver el final del túnel ni saber cuándo podríamos tener cierta libertad ahogaba. Permanecer en la fase 0 significaba no avanzar a las restantes fases 1, 2, 3 y presunta nueva normalidad, un horizonte que parecía tan lejano como el que se presenta ante el Cabo Ortegal, pero sin su majestuosidad.

Si al final del túnel no se ve la luz, es que es un pozo

Como les he venido contando el tema del aislamiento social casi viene de fábrica. Entre las 4 paredes de Luz10 tengo prácticamente todo lo necesario y salvo excepciones la gente me sobra. Pero se respiraba una especie de crueldad cósmica cuando pensaba en los largos meses en los que no he podido visitar a mis padres o que estos no pudieron ver a su nieto. Al pensar sobre estas cosas el paso del tiempo se volvía pesado, lento y viscoso. Fase 0,5. Un mal chiste contado sin gracia.

el tedio del tiempo detenido

Con esta agonía en la que el final era incierto iba pasando la vida. Los paseos con el niño seguían siendo a las 18.00 horas y solíamos volver a volver a sitios como su antigua guardería. Quizás para intentar recargarnos de alguna emoción pasada, de sentir, de recordar cuando todo era como había sido hasta no hace demasiado. Un aplauso lento, 2020.

cuando llegaste aquí no sabías andar

En los últimos 365 días muchas cosas habían dejado de ser como siempre. Se fue mi abuela Pascuala. También mi perro poco después. Una pandemia asoló el mundo civilizado y el que está por civilizar. El heredero empezó el colegio en el curso más extraño de todos. Mi señora se replanteaba su futuro laboral. La palabra crisis volvía a revolotear por todos lados. Los grandes viajes parecía que habían pasado a ser una utopía a medio y quizás largo plazo. Seguían pendientes las obras en casa. Además se me había roto la máquina de cortar el pelo y la temporada ciclista pendía de un hilo.

buscando la salida de esta vuelta al Sol

Tiempos salvajes.

Aparte de las caminatas nostálgicas y de las incursiones en el Parque de Las Contiendas los paseos también eran por el barrio. De vez en cuando me gusta pasear por este curioso rincón de Valladolid como hacía hace una década cuando buscaba afanosamente una casa en venta. Ahora hay pocos carteles pero en muchas ventanas la gente ha puesto dibujos, generalmente de niños pequeños y normalmente en ellos aparece algún arcoíris toscamente trazado. Supongo que para dar esperanza. «Todo va a salir bien», escribían los más optimistas. Pero muchos ya tienen un color deslavado y la hoja de papel empieza a cuartearse amarillenta debido al sol. Aún así siguen animando al posible transeúnte como cuando lucían vigorosos, recién acabados, con los colores nítidos y vibrantes. Posiblemente los pegarían en la ventana un día poco antes de las 20:00, cuando se aplaudía. ¿Se acuerdan?

l’arcobaleno

Como podrán imaginar, a pesar de todo este fango no cejábamos en nuestro empeño de seguir disfrutando del patio y del sol; de la cerveza, la música y la vida. Seguíamos disfrutando de nosotros y celebrándonos al llegar el fin de semana porque, al fin y al cabo, sabíamos que después de todo, tarde o temprano, habría un movimiento. Siempre lo hay.

let’s move

Al final de la semana, cuando ya empezábamos a maldecir el inminente lunes, se anunció la noticia: todo el territorio español estaría, al menos, en la fase 1. Incluso los más lentos y adustos. Incluso la meseta. Lo celebraríamos.

parecía que no iba a llegar nunca pero todo llega.

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Continuará
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La décima semana del estado de alarma abarcó desde el 18 hasta el 24 de Mayo de 2020.
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Cada vez es más difícil escribir y cada vez hay menos tiempo, pero hemos llegado a un punto en el que no hay marcha atrás y les seguiré aburriendo con esto. Hasta el «final».
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Por supuesto, texto fotos y vivencias de su fiel y seguro servidor, ©pedro iván ramos martín. Si usan algo, citen autor y procedencia, no me sean delincuentes.
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Hace muchos años que dejé el maravilloso vicio de los comics. Les confieso que ardo en deseos de que el niño crezca lo suficiente como para retomarlo y algún día contarle quién es John Byrne.
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Bonus track:

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