diario de un perro verde (ix)

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes… Despertarse a las seis de la mañana. Desayunar. Hacer ejercicio. Trabajar. Atender al niño. Trabajar. El cole en casa. Trabajar. Hacer la comida. Quizás volver a hacer algo de ejercicio. Trabajar. Pasear con el niño. Intentar trabajar. Hacer la cena. Leer o intentar leer. Dormir, tal vez soñar.

semana 8. fase 0

Estar 8 semanas, dos meses, encerrado en menos de 60 metros cuadrados hace que llegue un momento en el que la vida comienza a ser un DejaVu constante. Ya se ha hecho todo lo que se puede hacer, o eso parece, y los días se empiezan a asemejarse unos a otros de una manera absurda, cruel y preocupante en una letanía implacable. Créanme, ver la vida pasar de manera anodina es la mejor manera de empezar a estar muerto.

Y así cada día. Uno tras otro y tras otro.

Alguien recluido conoce cada centímetro de su celda. Cada sombra, cada grieta, cada rincón, cada telaraña, cada muesca en el suelo y cada mancha de humedad. No necesita abrir los ojos ni que haya luz para saber con absoluta precisión dónde está cada elemento de ese microuniverso que contiene todo. Nadie puede escaparse si todo es una prisión. La cárcel perfecta.

El conocimiento preciso de cada milímetro cuadrado

Es por esto que los habitantes de Luz10 huyen en cuanto tienen la menor ocasión de este pequeño y acogedor refugio precisamente para evitar que la vida pase de manera anodina. El movernos, salir, viajar, es la manera que tenemos de sentirnos vivos, de hacerle una finta a la rutina, romperle la cintura y reírnos en su cara. Pero ahora la que sonreía con una mueca de medio lado era ella, la rutina. ¿Seríamos derrotados, al fin, por este demonio?

¿Derrotados al fin?

Desde luego poníamos todo nuestro empeño en evitarlo. Ahora podíamos salir de casa, era la fase 0 de la desescalada y nos dejaban empezar a estirar las piernas, pero la puntita nada más, no se vayan a pensar. En una compleja suerte de algoritmo ideado por una mente criminal podía salirse de casa por tramos de edad y en distintas franjas horarias. Según avanzase el lugar donde usted residiese de fase habría cambios en este esquema de manera que, poco a poco, se fuera ganando libertad.

Corta de aquí, estira de allá… y así tenemos planazo

En la fase 0 se podía dar un paseo diario acompañado por un conviviente en un radio de 1 km desde el domicilio de de 6 a 10 de la mañana y de 20 a 23 de la noche para seres humanos de 14 a 70 años. En esa franja también se podía hacer deporte de forma individual dentro del término municipal.
De 10 a 12 y de 19 a 20 podían pasear los mayores de 70 años.
De 12 a 19 era cuando podían salir los niños, pero recuerde, sólo una vez al día, a 1 km de distancia de su casa y acompañados por una sola persona.

Todo por fases. Ordenadito.

También se permitió la apertura de algunos negocios como peluquerías, restaurantes de comida para llevar, pequeños comercios, todo con cita previa. Se podía ir a atender huertos, aunque en Luz10 el huerto está en el patio. Poco a poco la vida iba desperezándose de nuevo pero era inevitable sentir cierto rechazo al ver a esas otras personas pulular como espectros, al cruzarnos con ellas, al sentir su presencia sin nada que nos separase. Se les escudriñaba milimétricamente para ver si cumplían las normas o si se las pasaban por el arco de Graciano. Unos a otros nos mirábamos desconfiados, con los ojos achinados y tratando de crear un muro invisible: seguramente el otro fuera el enemigo.

Por fin un poco de libertad

Mientras, en casa, todo seguía siendo seguro y confortable y repetitivo. Le habíamos cogido la medida al cole en casa, seguíamos viajando a través de la comida e, incluso, repetíamos destino porque Italia siempre será Italia. De 18 a 19 paseábamos por el Parque de las Contiendas tratando de descubrir algún pequeño rincón desconocido.

Italia, claro

Durante este encierro el patio ha vuelto a reclamar su tiempo. Servidor se ha enfundado el mono y se ha esmerado en prepararlo para la temporada estival como se merecía. Los tomates deberían estar ya plantados pero los viveros permanecían cerrados. — qué molesta contrariedad —pensaba. La higuera se estaba poniendo enorme, majestuosa, magnífica. Y nos regalaba su olor. El jardín siempre ha sido la búsqueda incesante de recrear el paraíso perdido.

El jardín como recreación del paraíso. Un clásico.

Mes y medio después de los dos primeros cumpleaños telemáticos vino el tercer cumpleaños telemático. Tratamos de que no fuera anodino. Porque, en realidad, siempre tratamos de que nada sea anodino. Eso incluye también la rutina, claro.

¿Está la rutina? que se ponga

¿Saben? les voy a confesar algo. Aunque ella no lo sepa, aunque se sienta poderosa e invencible en este cautiverio, en la resistencia seguimos preparando el ataque final al enemigo, a la vulgar rutina. Poco a poco, horadando sus cimientos, preparando meticulosamente la dinamita que la hará volar por los aires. En silencio y sin muchos aspavientos que pudieran delatarnos. Sabiendo que David derrotó a Goliat. Sabiendo que Eros Poli venció al Ventoux. Sabiendo que El Depor ganó la Liga.

Dinamita

Ella, en su arrogancia, no lo sabe, pero ha nacido derrotada. A pesar de todo, a pesar de su aplastante poder, una pequeña estrella titilante en la negra noche puede hacer que la victoria sea posible, que nada esté perdido. Nunca lo está, en realidad. Pero usted debe estar lo suficientemente despierto para encontrar esa estrella. Y conservarla.

Poco a poco, en silencio, hasta la victoria final

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Continuará.
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La octava semana del estado de alarma abarcó desde el 4 al 10 de Mayo de 2020.
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La desescalada comprendería 4 fases que en realidad eran 5 para llegar a algo desconocido.
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Un texto un poco más rutinario de lo normal y unas fotografías de su fiel y seguro servidor ©pedro iván ramos martín.
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Para hacer esta entrada no se crean que el autor no ha sufrido. No es facil escribir sobre lo que acontece cuando apenas acontece nada. Puede compartir esto si así lo desea. Si usa texto o fotos, cite autor y procedencia, ya conocen la rutina habitual.
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Bonus track:

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