PEDRO IVAN RAMOS MARTIN © luz10.com

Diálogos iii

En un día tremendamente otoñal y para empezar con buen pie Noviembre, vamos a terminar esta terna de entradas sobre la cosa esa de la arquitectura y el diseño. Estábamos en Finlandia y es evidente que todo lo que hemos ido viendo hasta ahora no era sino una burda excusa para hablar de EL ARQUITECTO. Con mayúsculas, en negrita y subrayado.

No se puede llegar a Finlandia si no es para hablar de Alvar Aalto.

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Aalto era un creador superlativo. Diseñó mobiliario

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Diseñó lámparas

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Diseñó piezas en vidrio.

Y  lo diseñó desde un punto de vista particular, anclado en las raíces de la tradición vernácula pero con un eminente carácter moderno.

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Empleaba los mismos mecanismos y procesos de diseño. Lo que decía para su arquitectura se puede aplicar a sus diseños de objetos. Aalto deposita el mismo cuidado y rigor en su trabajo a escala urbana, en el proyecto de un edificio y en el diseño de una silla o jarrón de vidrio. De hecho para él, la pata de una silla era la hermana pequeña de la columna.

Cito:
En arquitectura sólo hay una norma válida: construir de un modo natural. No hagáis nada rebuscado, no hagáis nada innecesario. Todo lo que es superfluo se vuelve feo con el tiempo.

Un saludo a Calatrava que le acaban de dar no se qué premio europeo de arquitectura o algo.

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Sus diseños de mobiliario e iluminación raramente son autónomos, y vuelvo a citar al propio Aalto:

Mis muebles raramente, por no decir nunca, son producto de un diseño profesional. Casi sin excepción los he diseñado en conjunción con proyectos arquitectónicos, una mezcla de edificios públicos, residencias aristocráticas y casitas para obreros. Es muy divertido diseñar mobiliario en estas circunstancias

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Vemos que sus piezas no son sino una continuación del proyecto arquitectónico basado en su método de trabajo, pero han de poseer un carácter sensitivo aún mayor.

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Los diseños de Aalto funcionan igual de bien en una casita de obreros y en la villa de una rica heredera. No diseñaba piezas para que se convirtieran en un identificador social pero paradójicamente se han convertido en iconos del diseño moderno. El jarrón Savoy es posiblemente el objeto de vidrio más reconocido de cuantos se han producido.

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Claro que también diseñó piezas para esa casa de esa rica heredera: la Villa Mairea de Maire y Harry Gullichsen. Posiblemente este conjunto de exterior sean las piezas que Aalto diseñó de manera más literal en su fascinación por la naturaleza y es que lo que parece lo es y en este caso la mesa es, directamente, una flor. ¿o tal vez el sol?

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No, son margaritas. Seguro.

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La Villa Mairea es un condensador perfecto de lo que Aalto posteriormente desarrolló a lo largo de su carrera.

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En este proyecto se diseñó todo en una villa que debía ser una muestra de la modernidad. Cada detalle está cuidadosamente pensado. Es una gigantesca obra de ebanistería en la que se van ensamblando piezas distintas dando un resultado perfecto.

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En esta vivienda la elección del mobiliario tuvo un papel determinante. Por ejemplo, la pieza del comedor varió su geometría pues en varios planos previos la mesa era redonda, aunque luego adoptó una forma rectangular cambiando así la planta del proyecto. Espero perdonen esta lamentable imagen pero hoy en día en Villa Mairea está total y absolutamente prohibido tomar cualquier tipo de imagen así que hay que hacerlo con el móvil y sin que se den cuenta.

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Hay que reconocer que durante los primeros años, en mi opinión, fue cuando el finlandés consiguió sus mejores logros a nivel del diseño de objetos. O al menos los más revolucionarios. Pero esto no es casual.

Hasta su muerte en 1949 Aino María Marsio Aalto, su primera mujer, formó junto con Alvar una pareja desbordante en cuanto a capacidad creativa. Una vez más la figura femenina ha sido eclipsada  a pesar de que los trabajos que salían de la oficina de los Aalto era firmados como «Aino and Alvar Aalto». Ella tenía un carácter tranquilo y sosegado, una gran capacidad analítica y funcional mientras que él era el genio impulsivo y desatado… una pareja perfecta. Seguramente la obra de Aalto no tendría la densidad y la evolución que tuvo de no haber sido por esta estrecha e intensa complicidad que mantuvo el matrimonio. De hecho tras la repentina muerte de Aino, Alvar cayó en una profundísima crisis y como se sabe se dió a la bebida pasando una época especialmente difícil. En 1952 se casó con Elisa, una arquitecta que trabajaba en el estudio 20 años más joven que él. También colaboraron y fue Elisa quien llevó el estudio tras la muerte del arquitecto aunque a nivel arquitectónico esa relación no fue ni de lejos parecida a la que estableció con Aino.

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El año de la muerte de Aino ganó el concurso del nuevo ayuntamiento de Saynatsalo.

Es otra de sus obras cumbre en las que todo está diseñado y el conjunto que forman continente y contenido es dificil de superar.

Desde el mobiliario y la iluminación de la biblioteca, absolutamente funcionales,  donde por ejemplo podemos ver una lámpara que proporciona tanto iluminación general como iluminación para la lectura.

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A la sala de Juntas donde en torno a la mesa se disponen unas sillas con un marcado carácter representativo.

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Por un lado, piezas funcionales destinadas a la reproducción seriada. Por otro piezas de ebanistería que deben representar a una institución como el Ayuntamiento elaboradas en la mejor de las tradiciones artesanas por experimentados maestros en el arte de dar forma a la madera.

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En un edificio como un ayuntamiento hay elementos que deben poseer un marcado carácter representativo. Este es el acceso a la sala del Consejo, la pieza de mayor importancia pues es donde se acoge al pueblo.

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En ella se presta la misma atención al diseño del pasamanos, la estructura de  la cubierta o el propio mobiliario

Hagamos otro intermedio.

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A modo de paréntesis, a veces resulta curioso ver ciertas «paradojas» en edificios de Aalto donde el arquitecto lo diseñaba todo, y de hecho lo equipaba con Artek, empresa que él mismo fundó junto con Aino, Maire Gullichsen y Hahl Nils-Gustav para comercializar sus propios diseños.

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Así se pueden ver cafeterías con sillas de jacobsen o de los Eames en edificios de Aalto, como la biblioteca Académica o el Finlandia Talo.

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Y aunque no desmerecen, lo que mejor encaja en una obra de Aalto es el mobiliario de Aalto.

Bien, llegados a este punto me gustaría intentar resumir todo lo dicho hasta ahora.

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Hemos visto que durante el último siglo el diseño del mobiliario y el diseño de arquitectura siguen procesos proyectuales similares y que, básicamente, se establece un diálogo a tres entre el usuario, el contenedor arquitectónico y el nexo de unión entre estas dos escalas que sería el mobiliario.

Huyendo de la frialdad del acero de la Bauhaus hemos acabado en los países nórdicos llegando hasta Finlandia y como no podía ser de otra manera nos ha atrapado ese agujero negro que es Alvar Aalto.

Para terminar vamos a ver si todo esto es aplicable a un edificio de gran escala. Este edificio es el Instituto Nacional de Pensiones de Helsinki, obra de mediados de los 50. Quizás el edificio más imponente de Aalto.

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Vamos a entrar.

Es un edificio enorme, pensado para acoger a más de 900 trabajadores. En su momento fue duramente criticado ya que su coste fue altísimo por los materiales empleados.

Como siempre que aparece la palabra caro habría que cuestionarse caro con respecto a qué puesto que evidentemente el bronce o el marmol son materiales de un alto coste pero hoy, 60 años después de que empezase a funcionar, el edificio está en un estado fabuloso…

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salvo el Pater Noster, que se les ha estropeado y no tienen dinero para arreglarlo.

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En un origen, antes de la llegada de los ordenadores y cosas así, el edificio funcionaba con cientos de cubículos donde se encerraban los trabajadores a realizar su tedioso trabajo administrativo.

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Estas células estaban cuidadosamente diseñadas, desde la silla, a la lámpara o la papelera pasando, como no podía ser de otra manera por la manilla.

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Además todo el edificio estaba conectado por un ingenioso sistema de transporte de papel y pequeños paquetes pues no era otra cosa que una gigantesca máquina burocrática.

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Todo el edificio está lleno de rincones, de zonas de paso o de zonas de espera adecuadamente amuebladas,

 

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Por supuesto, además de la increíble funcionalidad que presenta un edificio tan complejo como este, también posee espacios fabulosos como los iluminados por estos gigantescos lucernarios. Sorprende ver como es, en cierta medida, un edificio fractal: da igual a qué escala lo analicemos, siempre está definido el detalle de una forma exquisita.

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Todo es de una complejidad que abruma. Todo está milimetricamente definido.

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El proceso es idéntico para el detalle constructivo que para resolver el brazo de un sillón.

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Si hay que poner una vitrina, se diseña

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Y se cuida tanto como un paramento vertical

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Desde el la definición de las puertas con elementos heredados de la Mairea

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Al falso techo radiante

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Desde el maravilloso espacio de la biblioteca  a modo de homenaje a la de Viipuri

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Al pasamanos de la barandilla.

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De la exquisita esquina del mostrador de recepción

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A la exquisita esquina de una pata X

Es un edificio inacabable y desbordante.

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Como epílogo, si me lo permiten, vamos a volver al lugar donde arrancamos. Al salón de la casa de Aalto en Munkkiniemi.

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Pero vamos a fijarnos en un pequeño detalle. Justo aquí, junto a la fotografía con Elisa.

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Es tan solo una reflexión sobre una anécdota que explica la mentalidad del maestro finlandés y que podría haber sucedido con Asplund, o con jacobsen. Con Finn Juhl… o con Hans Wegner.

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Pero no se la contaré yo, lo hará Jose Antonio Coderch:

Nunca olvidaré la impresión que me produjo la primera conferencia que Alvar Aalto dio en
Barcelona. Sus palabras fueron la negación de la pedantería y el dogmatismo. Eran como un
canto sereno y profundo al verdadero conocimiento humano, a la decencia y al sentido
común.
A este propósito quisiera contarles a ustedes una anécdota muy significativa. Como me la
contaron la cuento: Estando Alvar Aalto en Madrid, manifestó el deseo de hacer algunas
compras, y un amigo mío se ofreció a acompañarlo. Como el tráfico era muy intenso y
resultaba prácticamente imposible encontrar aparcamiento, dicho compañero dejó solo a
Aalto en una tienda, y después de dar varias vueltas, lo recogió otra vez. Aalto mostraba
gran satisfacción por una compra que había hecho y que mostró orgulloso a su acompañante:
se trataba de unas magníficas castañuelas. Mi compañero le preguntó cuánto le habían
costado, y al decirle Aalto el precio, aquél montó en cólera y volvió inmediatamente a la
tienda. Allí protestó, pero el dueño le dijo que el precio era justo: que él le había
mostrado primero castañuelas baratas, para turistas, después otras mejores y que,
finalmente, Aalto se había llevado las mejores castañuelas que tenían en la tienda: unas
magníficas castañuelas de concierto…
Ni que decir tiene que Alvar Aalto no era, ni creo que sea ahora, un entendido en
castañuelas. Me parece que esto tiene mucho que ver con las virtudes de los arquitectos y
del pueblo finlandés. Sospecho que cualquier ciudadano de ese noble y querido país,
puesto a elegir castañuelas en su viaje a España se decidiría, como Alvar Aalto, por unas
castañuelas de verdad.

Por eso, cuando deban elegir unos muebles, bien para sus proyectos o para sus hogares o negocios, espero que se decidan por unos muebles de verdad.

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Si ha llegado hasta aquí me parece sorprendente a la vez que halagador. Si además se ha leído las otras dos entradas, me desborda. Si además usted asistió a la conferencia, sepa que usted es formidable.

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A continuación y si el tiempo me lo permite, vamos a seguir por Finlandia repasando el viaje veraniego que este juntaletras se pegó en Agosto con jugosas anécdotas e inquietantes chascarrillos.

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Texto, fotos y desvaríos obra de su fiel y seguro servidor © pedro iván ramos martín. Compartan, que no cuesta nada y como buen arquitecto necesito alimentar mi desmedido ego.

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