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La navaja de Ockham

Verán, ayer a un amigo le dio un telele y acabó metido en una ambulancia.

Como algunos de ustedes saben, servidor es muy propenso a hacer el idiota de manera sistemática y una de las múltiples formas que ha encontrado para tal fin es practicar deporte, que dicen que es sano, pero es muy posible que en esa afirmación haya gato encerrado. Este amigo en particular es un fiel compañero en esa búsqueda de hacer el tonto buscando, no sé, algo. Aunque he de confesar que es, además de mejor atleta -pero peor ciclista-, mucho más sensato que yo.

En particular, el domigo 4 de enero por la mañana estábamos en un descampado cercano a Tordesillas -sin toro- con una temperatura por debajo del punto de congelación del agua. Eso sí, lucía un precioso sol de invierno y nosotros, junto con otros 600 pirados, estábamos dispuestos a correr un cross de 9 kilómetros, cosa que hicimos a pesar de no ser perseguidos por lancero alguno.

© pedro ivan ramos martin Akihabara, Tordesillas recibe al visitante con los brazos abiertos... habitualmente. luz10

Tordesillas recibe al visitante con los brazos abiertos… habitualmente.

Al terminar la carrera con el resultado habitual y tras degustar una suerte de viandas impropias de atletas de élite a mi amigo le dio por empezar a tiritar de manera descontrolada y a ponerse cianótico.

Por supuesto supusimos que lo único que pretendía hacer al convulsionar  de esa manera era llamar la atención de las hermosas y fibradas féminas allí congregadas, pero el tono azul que adquirió nos hizo pensar que o bien era un actor colosal a la par que camaleónico o en realidad le pasaba algo de verdad. Por una mera cuestión de prudencia elemental decidimos llevarle a la ambulancia. Créanme: he visto resacas de aguardiente aparentemente más llevaderas.

© pedro ivan ramos martin luz10 Todo eran risas hasta que empezó a quedarse muñeco

Todo eran risas hasta que empezó a quedarse muñeco

Una vez allí mientras el susodicho agonizaba y los sanitarios se afanaban en averiguar qué demonios pasaba en aquellos dos metros de bigardo, en el exterior del vehículo de la Cruz Roja asistí a una interesantísima exposición de teorías [sic] de los que allí estábamos esperando:

— Buf, seguro que es el corazón, que nos creemos que podemos hacer de todo y al final nunca nos hacemos pruebas de esfuerzo… y…

— Lo que pasa es que entrenamos poco y competimos demasiado… luego, pasa lo que pasa.

— Es que está demasiado delgado y estos esfuerzos…

— Yo también creo que es algo del corazón, que una vez me dijo algo de nosequé… o qué se yo… o algo así.

— Seguro que es Lupus, hacedle una punción lumbar y tratadlo con prednisona -esto lo dijo un señor enjuto con barba desaliñada que se apoyaba en un bastón y es lo único que hasta el momento me he inventado en toda esta historia-

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Chicas formulando teorías. Imagen de archivo.

Estoy seguro de que cada uno albergaba una teoría -o varias- entre las que habría cabida para pensar que eso era una prueba irrefutable de la presencia del ébola en Europa, o que le pasaba por bolivariano y le estaba bien empleado, o que si estuviera leyendo un libro no le pasarían estas cosas o que Dios misericordioso le estaba llamando para que le acompañase en su seno y le enseñase a jugar al billar.

Yo, que soy muy fan de la navaja de Ockham dije: «pues yo creo que ha cogido frío».

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Al final, consiguió llamar nuestra atención.

Verán, la navaja de Ockham es un principio metodológico que viene a decir algo así como que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Trato de aplicarlo sin descanso en mi vida diaria para poder hacer un poco más soportable el paso por este valle de lágrimas. Y es que uno necesita entender el porqué de las cosas para no volverse loco del todo y esto ayuda bastante.

Al final, salió un buen hombre de la ambulancia y nos dijo que nuestro amigo tenía una hipotermia bien maja y que estando con 6 mantas había tardado bastante en recuperar un estado más o menos normal y en dejar ese estúpido y poco favorecedor tono azulado.

Una vez más, aunque todas las teorías eran plausibles, la correcta era la más sencilla. Y es que pensé que podría haber cogido frío porque cuando terminamos la carrera yo estaba muerto de frío.

¿Y por qué les cuento yo esto aquí? Pues en primer lugar, porque me da la gana. Y en segundo lugar, porque al hilo de la serie de entradas sobre Japón, una pregunta lleva tiempo reconcomiéndome la sesera: ¿por qué los japoneses son tan endiabladamente raros?

© pedro ivan ramos martin  luz10 japanese gril, japonesa rarita

Una japonesa. bastante rarita.

Traté de buscar una explicación sencilla, como buen navajero que soy -un día les hablo de mi interés por estas armas blancas-. Pero de momento en Ockham no he encontrado la respuesta.

Así que una vez demostrada la verdad, vamos a comprobar que lo cierto es todo lo contrario.

Tenemos a Guillermo de Ockham exponiendo que Pluralitas non est ponenda sine necessitate (para los que no saben latín: la pluralidad no se debe postular sin necesidad). Pero eso no nos lleva a ningún lado en este caso.

En el otro extremo del ring está Leibniz y su antinavaja:  todo lo que sea posible que ocurra, ocurrirá.

© pedro ivan ramos martin luz10 jimbocho, book store, libros,

Todo está en los libros.

Una vez llegados a este punto no nos quedaría mas remedio que adentrarnos en el apasionante mundo de los Universos Paralelos en los que cada decisión provoca que se generen universos múltiples por lo que todos los sucesos que pueden ocurrir, ocurren. Y todas las situaciones que se pueden dar, se dan.

La verdad es que eso lo explica todo. To-do.

El mundo de la mecánica cuántica es fascinante y estoy seguro de que en alguno de esos universos paralelos habría sido físico para poder entender qué demonios es eso de la función de onda, lo del horizonte de sucesos o cómo funciona un agujero blanco sin miedo a escribir barbaridades en un blog. En otro de esos mundos múltiples habría sido un reputado bailarín y un galán en toda regla. No sé si en alguno habría logrado ser un arquitecto de éxito.

¿Sí? un momento, me dicen por el pinganillo que el cambio de año o la niebla, vaya usted a saber, me ha afectado un poco más de la cuenta. Efectivamente yo hoy les iba a hablar de un par de barrios de Tokyo… bueno, ¿o tal vez no?

Como les decía la antinavaja de Leibniz y la teoría de los mundos múltiples lo explica todo. Todo es como es porque existen otros infinitos universos paralelos en los que todo es de otra manera. Algunos son muy similares al nuestro y otros son radicalmente diferentes.

Quizás eso explica que en una misma ciudad exista una multiplicidad de universos tan distintos como los barrios que hemos ido conociendo, o como podrían ser Akihabara o Jimbocho.

© pedro ivan ramos martin luz10 akihabara maid cafe

¿alguien puede explicarme esto? ¿Leibniz, tal vez?

Akihabara es uno de los puntos más famosos a la vez que absolutamente frikis del planeta. Es conocido por ser el barrio tecnológico de la capital nipona, cosa que a mi me dejó más bien frío, aunque sin tiritona.

En la que se supone que es la meca de la tecnología apenas había cámaras y objetivos tope de gama más allá de los trilladísimos que pueden encontrarse en cualquier gran tienda especializada de por aquí cerca. Nada deslumbrante, poca variedad, ninguna rareza… incluso en un par de ellas no había nada de Olympus. Sinceramente, me pareció un bluf total y absoluto.

En lo que no decepciona Akihabara es en la inigualable densidad de frikis por metro cuadrado. Usted puede encontrarse desde un orondo niño de ojos rasgados con una camiseta de Pikachu mirando embobado un escaparate de Sega a un orondo adolescente de ojos rasgados con camiseta de Pikachu mirando embobado a las numerosísimas lolitas-muñecas-sirvientas que infestan las calles tratando de atraer clientes a los innumerables Maid cafes que por allí se encuentran.

© pedro ivan ramos martin luz10 escaparate akihabara sega

A los japoneses les encantan estas cosas

Al parecer, la sucia mirada de un occidental no verá en eso otra cosa que algún tipo de perversión con indecentes connotaciones de lo más sexual identificándolo inmediatamente con una suerte de refinadísima y oriental calle Montera. Pero por lo visto en Japón no es así. Ni mucho menos. De hecho está absolutamente prohibido tratar de tocar a las chicas o de intentar establecer cualquier contacto personal… o hacerles fotos.

© pedro ivan ramos martin luz10 akihabara maid cafe

vente a mi garito, papasito

Se trata de locales temáticos a los que acude todo tipo de gente. Gente rara.

Ockham no podría explicarlo. Yo tampoco.

Simplemente me limité a ver aquello desde un prudente segundo plano -mi plano preferido- y a evitar que me intentasen convencer de entrar en uno de esos locales de por y para pirados.

© pedro ivan ramos martin luz10 akihabara maid cafe

Un lugar de , por y para pirados.

En el otro extremo de la balanza, como les decía, se encuentra Jimbocho.

Jimbocho es un pequeño fragmento de ciudad donde se concentran en unas pocas calles una infinidad de tiendas de libros de segunda mano. Y quien dice libros dice cómics, grabados, revistas, fotografías, más libros… en cantidades colosales.

© pedro ivan ramos martin luz10 jimbocho, book store, libros,

Así, todo ordenadito y bien.

Las tiendas las hay de todos los tamaños. Desde las que cuentan con una superficie más que respetable a las que no son más que meros pasillos con miles de libros apilados de suelo a techo y que exponen también parte de la mercancía en la propia calle.

© pedro ivan ramos martin luz10 jimbocho, book store, libros,

Una densidad de exposición notable.

En realidad se trata de un lugar peligrosísimo para un viajero como el que esto suscribe ya que querrán llevarse mucho más de todo de lo que el sentido común aconseja. Pero es que hay libritos de poemas escritos en kanji que son una preciosidad, grabados kilométricos que son una delicia, libros de fotografía, fotografías antiguas reveladas en papel baritado, manuscritos, mapas…

© pedro ivan ramos martin luz10 jimbocho, book store, libros,

Si busca, encuentra.

Una de esas tiendas estaba especializada en, pásmense, revistas de béisbol por un lado y pornografía asiática por otro. No había más donde elegir. Probablemente, en el fondo, estos dos temas estén más relacionados de lo que aparentemente se podría pensar, pero posiblemente haya que ser japonés para establecer una teoría certera.

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Por aquí se puede encontrar de todo. De todo, amigos.

Quizás usted piense que este blog va degenerando a pasos agigantados y que nada tiene que ver con nada, pero, recuerde: Todo tiene que ver con todo. You know nothing, Jon Snow

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Créanme que no sé cómo he acabado con el tema de los multiversos a partir de un episodio de hipotermia para hablar de dos barrios de Tokyo… de verdad, ¿ustedes me siguen?

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De Tokyo nos quedan apenas un par de pinceladas, aunque daría para escribir un libro, de todas formas, haremos un receso en las próximas entradas.

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Unos desvaríos y fotografías originales de su patán favorito: © pedro iván ramos martín. Usen todo esto como les plazca pero, ya saben, citen su procedencia.

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Hay un mundo paralelo en el que ustedes comparten Luz10. Recuerden: hay otros mundos, pero están en éste.

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