El pasado cuatro de Septiembre nos dejaba Giovanni, «Nani» Pinarello. El Señor Pinarello.
Ha muerto a la nada desdeñable edad de 92 años así que tampoco es cuestión de montar un dramón. Más bien es cuestión de realizar un pequeño homenaje a un hombre que construyó algunas de las más bellas bicicletas, cuando las bicicletas eran hermosas.
Giovanni nació en un pequeño pueblo del norte de Italia, muy cerca de Treviso en 1922.
Como al mozo le gustaba pedalear llegó incluso a correr en profesionales durante 4 años. Eran años donde el ciclismo era un deporte para tipos duros. Pero duros de verdad, nada de mocitos plañideros como son hoy en día muchas estrellitas del pedal que más parecen delicadas bailarinas de ballet que ciclistas. Por aquel entonces se entendía el ciclismo de otra forma: sin dinero, corriendo por carreteras sin asfaltar, sin material técnico y partiéndose la cara con gente como Coppi o Bartali (¿Quién le dió la borraccia a quién?).
No se puede decir que lograse un excelso palmarés. Es posible que su mejor logro fuese la maglia nera del Giro, lo que en el Tour de Francia vendría a ser el farolillo rojo y que en román paladino sería ser el último. La logró el 10 de Junio de 1951, el día de su cumpleaños y no se crean que eso es ninguna tontería. El portador de la maglia negra compartía honores en el paseo triunfal en el velódromo Vigorelli con los poseedores de las otras maglias más honoríficas. Bobet le dedicó ese último maillot escribiendo algo así como «el maillot negro del ciclismo… pero la maglia rosa de la vida».
Pero treinta años después de venir a este mundo que acaba de abandonar tuvo la genial idea de montar la fábrica de bicicletas que llevaría su apellido: Cicli Pinarello.
Esto de juntar doce tubos de acero no era nuevo para él. Con quince años empezó a trabajar en una pequeña fábrica de bicicletas y durante toda su carrera amateur siguió con este noble oficio. Gracias a la indemnización que le dio su equipo por dejarle fuera del Giro en favor de un coequipier de Coppi que había sido despedido del Bianchi, Nani tuvo el dinero suficiente como para dejar de sufrir sobre una bicicleta y montar su propia marca. Comenzaba la Historia.
Poco a poco las bicicletas fabricadas por Pinarello fueron introduciéndose en el mundo de la competición comenzando a lograr victorias menores y empezando a patrocinar un equipo profesional en 1960. En 1961 una bicicleta Pinarello, la de Guido de Rosso, gana el Tour del Porvenir.
Y en 1975 logran su primera victoria en el Giro de Italia con Fausto Bertoglio.
En 1984 Alexi grewal gana el oro en Los Angeles; en 1988 Perico Delgado gana el Tour de Francia.
Mientras tanto, en un pequeño pueblo de Navarra, un fornido mocetón de poblada ceja, arisco perfil y clase para dar, tomar y regalar nunca se bajó de una Pinarello desde que empezó a pedalear en el Reynolds aficionado.
El Mozo era Miguel Induráin Larraya y sobre la mítica marca logró todas sus victorias: los Tours, los Giros, las vueltas de una semana, las clásicas, el récord de la hora, el oro olímpico…
Pero Don Miguel siempre fue un hombre de recias tradiciones y aunque en el Tour 91 también usó un cuadro TVT de carbono pegado con racores pudo disfrutar de la máxima expresión en cuanto a cuadros de acero ha fabricado la mano del hombre, con permiso de (pónganse en pie) el Señor Marotias -padre, por supuesto-. Y es que durante unos años el genio Dario Pegoretti estuvo soldando cuadros de competición para Pinarello. En 1994 Induráin consiguió el último Tour que ganó un cuadro de acero.
Los cuadros rojos firmados por Pinarello y ejecutados por Pegoretti eran auténticas joyas. El acero se soldaba con precisión y con la finura que sólo las expertas manos de un artesano tocado por los dioses podían conseguir.
Pero todo lo bueno se acaba. El acero dejó paso al aluminio y éste a la fibra de carbono. Las bicicletas Pinarello siguieron ganando Tours y hoy equipan a algunos de los más importantes equipos ciclistas de la actualidad.
Pero quizás estas bicicletas de tubos gordos y hormonados, de curvas sinuosas y una más que dudosa estética perfilada en un túnel del viento -y fabricadas en tierras exóticas- estaban perdiendo, poco a poco, su alma.
Se ha ido Nani.
Pero para mi Pinarello murió cuando salió su último cuadro de acero de la fábrica de Italia.
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Bueno, y después de esto, si que retomamos el viaje a Japón…
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No debería tener que decírselo, pero compartan luz10. Incluso aunque no les gusten las bicicletas.
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Ninguna foto es propiedad del autor del texto, usease ©Pedro Iván Ramos Martín. Así que hagan con ellas lo que estimen conveniente. Han sido extraidas de las páginas de Pinarello, Movistar y pinterest.
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entonces eres tu el q quieres q retire mi maravillosa bicicleta de tubos de acero y la cambie por una de estas sin alma?
La tuya es de aluminio y debes conservarla.Claro que no se puede vivir en el pasado que una cosa es el rendimiento y otra la sensibilidad.
Pero no te compres una Pinarello.