Tampoquito Marrón

Hola, Pequeño.

No te imaginas lo difícil que va a ser escribir esto.

Llevo ya más de dos décadas obsesionado con el implacable paso del tiempo y cómo se me escapa de entre los dedos como fina arena de playa. Una obsesión que me llevó a la fotografía y a querer capturar ese tiempo con cada click porque la memoria es fugaz y mentirosa y, lo que es peor: a veces no es.

Esa es la razón por la que también escribo aquí: que la imagen acompañe al relato y el relato acompañe a la imagen. Porque el olvido es la verdadera muerte y hay cosas que quiero que sean eternas en mí.

Por eso hoy quiero recordar tu pequeña gran historia, Tampoquito, para que vivas eterno en nuestro recuerdo, amigo. Para no olvidarte nunca.

Comencemos.

Tampoquito Marrón, in memoriam © pedro iván ramos martín
Así empezaba nuestra aventura juntos

Llegaste a este mundo hace 8 años y alguien pretendió escribir que tu destino consistiría en ser durante unas semanas el juguete de unas niñas en un pueblo de la montaña palentina. Cuando se aburriesen de ti seguirías el camino de tus hermanos de esa camada no deseada en forma de bolsa de plástico arrojada al río contigo dentro.

Afortunadamente el destino no está escrito y te cruzaste en nuestro camino. Estábamos decididos a incluir un tercer miembro en esta ecuación vital nuestra así que buscamos durante semanas en las protectoras de por aquí y de por allá hasta que en la Protectora de Guardo nos dijeron que conocían el caso de un pequeño cachorro cruce de Teckel con algo en un pueblo cercano que si nadie lo remediaba, por lo que les habían dicho, acabaría en breve en el fondo de un regato.

Como te decía, el destino no está escrito y el tuyo no estaría en el fondo de ningún regato. Gracias a ese ser maravilloso con el que -por algún motivo que más de 20 años después aún no alcanzo a comprender del todo- comparto vida tu sino iba a tomar otros derroteros. Nos pusimos en contacto con la Protectora de Guardo y consiguieron que las niñas les entregasen el perro y así evitar ese desenlace. Pasaste unos días en la Prote bajo el nombre de Loss habiendo ya salvado la vida porque, afortunadamente, una vez que un animal pone una pata allí, su vida ya no corre peligro. Ella estaba segura de que tú eras quien debías ser y así, un 29 de Octubre pusimos rumbo a Guardo y en la Asociación Protectora Amigos de los Animales de Guardo, el día de su cumpleaños, te adoptamos.

Empezaba tu camino. A nuestro lado

De esa manera una pequeña bola marrón de hocico chato y negro, breves bigotillos, pequeñas orejas, mirada traviesa, colmillos afilados y patas gordas se dio un último paseo por la protectora, vaciló a un mastín a través de las rejas poniéndole una pata en el hocico, refunfuñó ufano, se quiso escapar, nos dio algún lametón y nos conquistó. Genoveva, antes de irnos, nos dio una sábana azul en la que habías dormido y nos dijo que así no te sentirías extraño pues tenía tu olor.

Te pusimos en el coche en una caja de cartón, te hiciste un ovillo y te acurrucaste en tu sábana azul . Con un plácido suspiro te quedaste dormido y entraste en nuestra vida para no volver a salir jamás.

Así viniste en tu sábana azul, hecho un ovillo

Si cierro los ojos te puedo ver camino a Valladolid diminuto, quietísimo, serenamente dormido. No te movías, tampoco ladrabas. Tampoco te llamarías.

Tenías carita de bueno

Tus inicios en casa fueron demoledores. Lo mismo roías una zapatilla que tumbabas una barrera de melamina. Destrozabas un cojín, cogías un rollo de papel higiénico y lo desplegabas por el patio o asesinabas un teléfono de una certera dentellada.

Cada uno tiene sus entretenimientos, ¿no?

Siempre fuiste adorablemente inquieto, Musculitos, como te llamaban en tierras Charras por tu porte, hechuras y esos andares potentes y decididos. Aunque, amigo, aprendiste que la chulería a veces se paga y eso te lo dejó muy claro Coco en forma de herida de guerra en la oreja. Iba pasando el tiempo y cada vez tenía más claro que cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro.

Poco a poco ibas creciendo, casi sin darnos cuenta

Durante un buen puñado de años nos enseñaste muchas cosas. Más de las que nunca imaginamos. Nos enseñaste la responsabilidad que supone cuidar y proteger a alguien que dependía de nosotros. Nos enseñaste lo que es la alegría pura y sincera. Nos enseñaste a disfrutar caminando por los caminos bañados por la dorada luz de un cálido atardecer o en medio de la cencellada más terrible. Nos enseñaste que el paraíso puede estar -que está- en un sofá cama, bajo un edredón junto a las personas que quieres en una fría noche de invierno mientras Dale Cooper da buena cuenta de un café con tarta de arándanos.

En el Paraíso las lechuzas no son lo que parecen.

Nos enseñaste que el amor incondicional y desinteresado existe, que la lealtad más absolutamente prístina habita bajo un manto de pelo y que la sinceridad y la nobleza bailan febrilmente al son de un rabo que sólo denota alegría.

El amor incondicional, absoluto y sincero, existe

Te nos has ido, Tampoquito. Te nos has ido y nos has dejado un vacío gigantesco que jamás podré alcanzar a describir. Ni a llenar.

Recuerdo esos paseos por las Contiendas, por donde siempre paseábamos. Eran los pocos momentos de calma en mi loca vida diaria. Recuerdo esa imposibilidad de dejarte ir sin correa so pena de pasar horas buscándote tras salir disparado detrás de algún conejo, como cuando te escapaste y horas después apareciste a la puerta de casa cuando yo llegaba de Medina y Carolina seguía buscándote por el cerro. Recuerdo esa mezcla de locura e ímpetu que albergaban tus 8 kilos de pura vida y pelo. Y recuerdo cepillarte y sacar montañas de ese pelo y cómo me mirabas cuando te clavabas un abrojo en la pata y la levantabas para que te lo quitase.

Las Contiendas eran tuyas

También recuerdo cómo cuando apenas tenías un año te escapaste saliendo como un cohete en dirección a la avenida de las Mieses. Recuerdo como si fuese ahora mismo cómo se me heló la sangre y se detuvo el tiempo al ver que un coche te golpeaba ligerísimamente. Una décima de segundo antes o después y te habría matado. Paré el tráfico y te recogí desconcertado, asustado, ileso. Ya era la segunda vida que gastabas… y no eras un gato. Todo este tiempo contigo ha sido un regalo y así he intentado disfrutarlo.

Cada minuto fue un regalo que nunca podremos agradecer los suficiente

Nos hiciste mucho mejores personas, Tampoco. En cada paseo, en cada recibimiento al entrar a casa. En cada momento que compartimos conseguías sacar algo bueno de nosotros.

Hiciste que fuesemos la mejor versión de nosotros mismos

Pasamos mucho juntos. Como cuando íbamos de noche al Eden en los tiempos duros a visitar a esa mujer que le da sentido a todo y que tanto ha tenido que pasar. O cuando la esperábamos hasta la madrugada mientras aprendíamos unos trucos para enseñárselos a su vuelta: mano, sit, plas, pum… hacerte el muerto y rodar como una croqueta siempre se te dio estupendamente, aunque fueses una salchicha.

Estuviste en los malos y en los mejores momentos, alegrándonos

No había día en que al cruzarnos con algún cachorro humano no gritase — mira mamá UN PERRO CHALSICHA. Y ahora lo echo muchísimo de menos cuando voy por la calle tonto y anodino.

por ahí viene un PERRO CHALSICHA

Sé que en algún momento te lo hicimos pasar un poco mal. El día que te castramos, sin ir más lejos. Pasamos unas cuantas noches un poco toledanas en el sofá cama, ¿verdad?. Siempre me pareció mágico el que pudieras estar más calmado si nos tenías al lado aunque fuera el desgraciado que te llevó a capar. Que te sintieras más seguro aunque fuese noche vieja o cualquier otra fiesta estúpida y estuviese la maldita pirotecnia que tanto odiamos estremeciéndolo todo. Que de alguna manera fuéramos tu bálsamo de fierabrás como tantas veces tú lo fuiste para nosotros.

Nuestro bálsamo vital

También tuvimos nuestros momentos buenos, me gusta pensar que fueron los más. Como aquellas vacaciones en las que te adueñaste de las playas del Algarve y que te pasaste haciendo agujeros con aquella correa de 15 metros que te hizo LadyC.

La cabra siempre tira al monte

Nunca se me olvidará lo contento que te pusiste cuando volvimos de Japón: 12 días separados, la primera vez que no estabas con nosotros, y nos regalaste el mejor recibimiento que pueda imaginar nadie. Nosotros, siempre que viajábamos y no te podíamos llevar te buscábamos de alguna forma allá donde íbamos.

Siempre estuviste en nuestros viajes

Aunque no lo sabíamos – pero quizás lo podíamos intuir- nos estabas preparando para la mayor aventura de todas, la de la perpetuación de la especie y, como no podía ser de otra manera, me acompañaste el día en que sentí que el mundo, tal vez, no era el lugar de mierda que parecía ser.

Durante el embarazo de Carolina la acompañaste durante todos aquellos larguísimos paseos a lo largo de los meses en los que Miniyo se fue haciendo realidad. Y en aquellas siestas en las que te tumbabas a su lado dándole tu calor y tu protección.

Su fiel guardián

Los comienzos con el cuarto miembro de Luz10 no fueron fáciles. Durante el parto no me dejaron volver a casa para sacarte un rato a pasear y aguantaste horas y horas hasta que llegué, ya siendo padre.

Te pusiste un poco nervioso cuando llegamos con el nuevo habitante al ver que alguien quería ocupar tu trono. Pero poco a poco te fuiste acostumbrando. De la ira pasaste a la resignación y luego a la indiferencia.

Resignación, amigo

El niño, con el tiempo, empezó a querer jugar contigo sin que te hiciese especial ilusión. Primero fuiste un ababau, luego Cococo. No mucho después ya te ponías contento cuando llegábamos a casa y hasta le dabas besos de perro.

Poco a poco, os iríais haciendo cómplices

¿Sabes? un día, al salir de la guardería me miró muy serio y me dijo:

— Papá, tengo un perro y se llama Tampoquito. Tampoquito Marrón.

Me pareció maravilloso, nadie había pensado en que quizás necesitases un apellido y que, sin duda, Marrón debería ser ese apellido. Creo que ahí empezasteis a ser amigos de verdad. Ese mismo día, al llegar a casa y tras el saludo perruno se agachó, te cogió la cabeza y te susurró.

— Tampoquiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiito.

Os mirásteis fijamente.

Volvió la mirada hacia mí y me dijo — Papá, le he cogido la cara a Tampoquito y me ha dicho HOLA CON LOS OJOS. Porque los perros NO HABLAN.

Aprendiste a decirle hola con los ojos

Tengo que reconocer que estoy en una fase de mi vida en la que apenas puedo procesar el torrente emocional que supone seguir el desarrollo de un hijo y ahora más que nunca es cuando desearía poder volver a vivir estas cosas una y otra vez. Creo que ese ha sido uno de los momentos de más plenitud vital que podré vivir sino el que más. Por un momento todo era como debía ser, por un instante lo tenía todo porque no deseaba tener más de lo que tenía. Llevo mucho tiempo pensando que sería mezquino por mi parte pedirle más a la vida: sólo por haber vivido ese momento ha merecido la pena vivir. Desde entonces tú, cada día, le decías hola con los ojos. Y Miniño, me lo contaba.

Tampoquito Marrón, in memoriam © pedro iván ramos martín
Los ojos hablan

Joder, Tampoquito, te nos has ido. Y apenas puedo creerlo.

No habrá nada más hermoso que tu recibimiento al abrir la puerta. Nada más magnífico que la húmeda trufa de tu nariz olisqueando inquieta. Nada más agradable que tu cabecita apoyada en mi brazo mientras te dejabas arrullar por Morfeo. Nada más cómplice que la invasión de mi cama cuando ocupaban la tuya.

Alguien ha ocupado mi cama, así que…

Pequeño, te has ido antes de tiempo pero este mes extra que pasamos desde aquel fatídico viaje a León en el que nos dieron el irremediable pronóstico como un mazazo nos has seguido enseñando impagables lecciones de vida. Hemos disfrutado cada segundo contigo. Hemos aprendido, quizás, a quererte de la misma e infinita manera en la que tu nos querías: aprendimos a no sobresaltarnos por tus ladridos en el patio persiguiendo a un pájaro o a un abejorro. A echar de menos esos empellones cuando, paseando, querías hozar alguna hura con el sempiterno Tampoco, NO TIRES que tantas veces te gritamos -sin éxito la mayoría-.

Tampoco, QUE NO TIRES!

Hemos aprendido a ver la vida como tu la veías, a disfrutarla cada segundo sin darle muchas más vueltas. No sabes cuánto me duele ahora el haberte gritado que te callases tantas veces. No sabes lo que daría por volver a oír tu ladrido histérico cuando llegaban los conclavianos a casa o volver a tener una bola de pelo después de haberte tenido en brazos un rato.

Tampoquito Marrón, in memoriam © pedro iván ramos martín
Disfrutaste la vida cada segundo

¿Sabes? aún no he vuelto a Ledesma, pero el día que lo haga, al abrir la puerta del patio y ver tu agujero huérfano de ti voy a sentir una punzada en la boca del estómago. También cuando vaya yo solo al Zurdo a comprar pan y raquetas o cuando me despierte en Alicante y no baje contigo a la playa de la Almadraba a primera hora.

Va a ser duro abrir la puerta del patio sin ti

Me faltas en cada momento. Sigo mirando inconscientemente a ver si tienes agua. Abriendo con cuidado la puerta del patio para que no salgas disparado. Oyendo tus patas repicar por el suelo. Esperándote al abrir la puerta de casa después de un día de mierda o después de un día estupendo.

Sigo sobresaltándome si creo que no tienes agua

Dos días antes de dejarnos me regalaste el último paseo a la guardería haciendo lo que durante casi tres años hicimos a diario y, aunque no lo supieses, te agradecía cada instante de volver a verte como un mes antes, como un año antes, como siempre.

Me regalaste un último paseo. Un paseo como siempre.

Eras un ser maravilloso. El primero que me recibía y el último que seguía a mi lado viendo el último capítulo del día de Twin Peaks o Breaking Bad. Estar contigo era estar en casa, significabas hogar.

Donde estabas tu, estaba mi hogar

Aunque no nos dio tiempo a volver al Algarve en la Tampoquita como habíamos pensado sí pudimos ir contigo al Norte. Pudimos ir a la playa al atardecer por última vez. Pudimos contemplar juntos y en paz el horizonte en la mejor obra de Chillida con la mejor compañía que pudimos soñar y eso lo agradeceré infinitamente el resto de mis días.

Gracias por tanto, Pequeño

Con tu último suspiro, en tu cama, arropado por tu sábana azul mientras te acariciaba y sonaba Manolo Chinato; como decía el cuento, cruzaste al otro lado del puente del arcoiris. Y me rompiste de dolor.

Es bonito el cuento del puente del Arcoiris

Sacos llenos de agujeros para guardar alegrías.

epílogo

Viniste en tu sábana azul y con ella viajamos cuanto pudimos durante estos 8 años. Tenía claro que con ella te habrías de marchar y que te amortajaría en tu último descanso.

Te enterramos junto al árbol de mi abuela. Con el tiempo te abrazarán sus raíces y cada año, sobre el 5 de Julio, vendrás a visitarnos en forma de flor de Pascuala, acompañándonos todo el verano.

Volverás a ver a los abejorros y los pájaros del patio. Y al niño jugando a tus pies mientras le contamos tu historia para que él tampoco te olvide. Sentirás la brisa y el olor a barbacoa y cervezas cuando vengan los amigos. Mantendremos lejos a los gatos, no te preocupes, y el sol calentará tu rincón y el laurel mantendrá fresca tu sombra.

También nos verás a nosotros con esa mezcla de pena infinita por no tenerte y de alegría por no olvidarte. Te prometo que siempre vendrás con nosotros donde quiera que vayamos.

Adiós, amigo, volveremos a vernos cuando ambos seamos viento.

Descansa, amigo

*************

Eltex, Katy, Canela, Coco, Tampoco, siempre dije que no había nada más sosegante para el espíritu que el sonido de un perro bebiendo agua. Llamadme raro, pero sé lo que digo.

*************

Gracias a haberme rebanado un dedo con un triste cúter y que el dolor no me dejase dormir, pudimos pasar juntos esa última noche en vela. Todo pasa porque tiene que pasar.

*************

Al levantarme el día después, al abrir la puerta de la habitación durante un instante, durante una fracción de segundo, esperé tu saludo matutino. Al darme cuenta que nunca lo volvería a tener, la desolación fue devastadora.

*************

Te voy a confesar una cosa. Sabes que al padre de Carolina siempre le pareciste un perro estupendo -aunque a veces te veía más gordo de lo debido- y te palmeaba el lomo llamándote Majete. Cuando el hombre estaba en el hospital del que nunca más salió, una de las cosas que me dejó marcado fue hablando de ti. — Qué ganas tengo de volver a ver al jodío perro. —Dijo.
Durante estos años me pareció muy cruel que no pudiera haber cumplido ese sencillo deseo. Yo nunca he creído en estas cosas y tengo muy claro que la muerte es la muerte. Pero reconozco que sería bonito pensar que ahora, al final, ese deseo se cumplió. No culparé a quien quiera creerlo, desde luego.

*************

Espero que hayas podido perdonar todas las veces que no estuve a tu altura.

*************

*************

Si usted, lector de luz10, ha llegado hasta aquí y está pensando en compartir su vida con un animal sea responsable y, sobre todo, recuerde: no compre, adopte. Un amigo no se paga con dinero.

*************

La labor de las protectoras es admirable. Si puede, colabore en la medida de sus posibilidades, difunda por redes sociales y ayude a que estos seres adorables puedan disfrutar de un hogar como disfrutó Tampoco durante todos estos años. Nuestra gratitud hacia la Protectora de Guardo será eterna.

*************

Desde aquí también nos gustaría agradecer la labor y la profesionalidad con la que en el Centro Veterinario Animalia trataron a Tampoco durante estos años y en especial en su último mes. Gracias a su veterinaria no sufrió en ningún momento y aunque todo terminó antes de lo esperado, fue un mes en el que el animal disfrutó y vivió feliz. Y eso es impagable.

*************

Han pasado 3 semanas desde que nos dejó nuestro perro y las lágrimas no se acaban al recordarle. La pena que se siente con su pérdida -y todos los que tienen perro en algún momento van a pasar por esto- es diaria, inmensa, infinita, atroz; pero recuerde que sólo lo es desde nuestra perspectiva egoísta. Adoptar a un animal significa regalarle una vida feliz. Una vida plena que disfrutará cada día hasta que le llegue su hora. No deje de adoptar por tener que pasar este duelo. Si duele tanto es porque todo este tiempo con usted ha sido magnífico para ambos. Hay miles de animales deseando salir de un chenil para conocer la felicidad a su lado. No sea egoísta, la vida a veces duele pero eso significa que estamos vivos.

*************

Una entrada escrita como recuerdo y homenaje a un amigo que se ha ido. Sin más. Tanto el texto como las fotografías, como siempre, obra de su fiel y seguro servidor © pedro iván ramos martín. Esta vez con el mar colgado de las pestañas.

*************

Siempre te querré muchísimo, Pequeño Tampoquito (Marrón).

*************

In memoriam:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.