Bienvenidos a la violencia © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Bernini scatenato (i)

Hace algo más de 15 años que vi por primera vez aquel femenino, voluptuoso y potente muslo. Palidísimo, firme, terso, prieto, suave. Un muslo maravillosamente torneado por los dioses. Un muslo exquisito, delicioso, sublime. Un muslo que cedía bajo la presión de una poderosa mano masculina casi a la altura donde deja de ser muslo para convertirse en gloria.

Ella se llamaba Perséfone, era hija de Zeus y Deméter y estaba hecha de mármol de Carrara. Él, Hades, el impetuoso y sátiro hermano de Zeus, señor del Inframundo.

La estaba raptando.

Naturalmente yo estaba en la Galleria Borghese de Roma en el segundo día del año 2018.

Aún no se ha encontrado una excusa que no resulte efectiva, por peregrina que pueda parecer, para viajar a Roma. Pero posiblemente una de las más convincentes de todas sea poder ir a la Borghese.

En La Galleria, el visitante se enfrentará cara a cara y sin ambages, medias tintas ni paños calientes al Barroco más exultante, pleno y arrebatador. El genio desencadenado en un vehemente torbellino  del más furibundo barroco de entre los barrocos. Del más genial de todos ellos. De aquel que consiguió congelar el movimiento, el espacio y el tiempo usando mármol y un cincel.

Cómo no, les hablo -y les ruego que se pongan en pie en este momento – de Gian Lorenzo Bernini.

Si me permiten, les pongo en antecedentes.

Bernini vino a este mundo en Nápoles en 1598. Pasaron 18 miserables años y un buen día el cardenal Scipione Caffarelli Borghese, a la sazón, sobrinísimo del Papa, le pone delante un enorme trozo de mármol que dentro tenía el grupo escultórico Eneas, Anquises y Ascanio. El imberbe Bernini sólo tuvo que quitar el material sobrante, epatando, de paso, a la Curia Romana.

Una espiral manierista © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Una espiral manierista © pedro ivan ramos martin | luz10.com

En una composición vertical y muy manierista el autor, todavía influido por las enseñanzas de su padre, también escultor; plasmó el momento en el que Eneas, llevando a hombros a su padre, Anquises, y junto a su hijo, Ascanio, salían huyendo de Troya.

El torbellino manierista que iba a ser retorcido © pedro ivan ramos martin | luz10.com

El torbellino manierista que iba a ser retorcido © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Causó sensación, sí, pero lo verdaderamente bestia estaba aún por llegar. Entre, pásmense, 1621 y 1625, a la tierna edad de 23 primaveras ejecutó la barbaridad de los otros 3 grupos borghesianos. No hay palabras en el diccionario. No se han inventado los adjetivos ni en éste ni en ningún idioma que puedan siquiera acercarse a describir lo que sólo la visión directa puede transmitir. Hace casi 4 siglos Bernini fue capaz de glorificar el Barroco, llevarlo a su punto de máxima expresión, sublimarlo y darle una dimensión que trasciende las 3 físicas y el tiempo. Todo con mármol, sólo mármol y nada más que mármol, por supuesto.

Empezamos este paseo con esa enormidad superlativa que es el Rapto de Perséfone (sí, Perséfone, qué quieren que les diga, mitológicamente hablando, siempre fui más Heleno que Romano y más de Perséfone, que suena a música y a belleza femenina, que de Proserpina, que suena fatal y que no era más que una burda copia).

La muchedumbre es mucha © pedro ivan ramos martin | luz10.com

La muchedumbre es mucha © pedro ivan ramos martin | luz10.com

A la Galleria Borghese hay que ir con cita previa. La entrada tiene un precio que varía en función de la exposición temporal que esté en ese momento, y créanme, ésta es una de las ocasiones en las que por mucho dinero que cueste algo, es barato. De las múltiples veces que he ido a ver mármol barroco de Carrara, la última ha sido la más arrebatadora: además de la expo permanente estaba una monográfica y brutal sobre… Bernini.

Gianlorenzo se hinchó a hacer de estos © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Gianlorenzo se hinchó a hacer de estos © pedro ivan ramos martin | luz10.com

La exposición era inconmensurable, sin más. Pero en realidad allí habíamos ido a ver carnaza y eso era lo que buscábamos ávidos entre una insultante cantidad de bustos, esculturas, modelos en barro, bocetos… que daban cuenta del proceso creativo de Gian Lorenzo.  Alcanzada la primera planta y tras una puerta estaba la colosal pieza creada entre 1621 y 1622. La primera visión es lateral y se realiza entre una miriada de seres humanos teléfono en mano, chinos gritones, valga la redundancia, algún niño aburrido y unas cuantas almas que estaban allí porque alguien les dijo que había que ir allí.

Lo mejor es tener paciencia. Las visitas están programadas y tienen hora límite, que es cuando entra el siguiente grupo. Dos horas. Es inteligente dedicarle tiempo al resto de la exposición y cuando la marea humana se haya disipado disfrutar de estas cuatro maravillas casi en soledad.

Así es como hay que ver esta maravilla © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Así es como hay que ver esta maravilla © pedro ivan ramos martin | luz10.com

La mastodóntica escultura que nos ocupa es una pieza de casi tres metros de alto y unas cuantas toneladas de peso que narra el preciso instante en el que Hades surge del averno y rapta a Perséfone quien estaba recogiendo flores con otras dos ninfas, Artemisa y Atenea, también hijas de Zeus.

Hades, poderoso dios del inframundo © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Hades, poderoso dios del inframundo © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Tres siglos antes de que Cartier Bresson se sacase de la manga lo del instante decisivo para capturarlo con una Leica, Bernini lo había esculpido en mármol. El genio napolitano es capaz de capturar el preciso instante de máxima tensión. Una espiral manierista deconstruída, retorcida, forzada, dada la vuelta, pisoteada y puesta del revés para enfatizarlo todo: la violencia, la fragilidad, la maldad, la inocencia, la lujuria, el terror. Un torrente de sensaciones, una milésima de segundo capturada en la metamórfica roca. Una tormenta de contrapuestos que lo cuentan todo en un éxtasis pétreo.

Sí, es mármol © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Sí, es mármol © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Lo que Bernini fue capaz de hacer con el mármol de Carrara, el mejor del mundo, nunca ha estado al alcance de ningún otro mortal. A golpe de martillo y cincel fue capaz de extraer del material lo mejor que encerraba en sí. Lo llevó al límite, lo superó y se rió de ese límite de una manera que sólo él ha logrado hacer.

pieles de Carrara © pedro ivan ramos martin | luz10.com

pieles de Carrara © pedro ivan ramos martin | luz10.com

El minucioso tratamiento de cada pequeño detalle llega a ser obsesivo. La rudeza de la piel de Hades en contraposición con la tersa suavidad de Perséfone. Las miradas esculpidas en la piedra, las lágrimas de la desdichada hija de Deméter y la lasciva expresión del barbudo y anabólicamente musculado dios del infierno.

toneladas de instante decisivo © pedro ivan ramos martin | luz10.com

toneladas de instante decisivo © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Bernini, no sólo busca llegar al límite del material sino también al límite del espectador. Así, al igual que los maestros canteros medievales escondían su firma en las catedrales o en el plateresco tallaban una pequeña rana encima de una calavera en la portada de la Universidad de Salamanca, Gianlorenzo esculpe un pequeño bulto en la espalda del dios. Un bulto casi imperceptible. ¿ por qué? ¿buscaba acaso mostrar cierta imperfección en la perfección de su obra? Podría, simplemente, ser un divertimento esculpido en el mármol para que unos siglos después alguien escribiese sobre ello. Pero quizás esta nimiedad es el verdadero leitmotiv de toda la pieza. ¿Por qué demonios iba Hades a raptar a su sobrina? pues porque la mismísima Afrodita -según otras fuentes, su hijo Eros y según los romanos, Cupido-  le lanzó una flecha… y ya se sabe lo que pasa con las flechas de Venus, que no entienden lo del no es no.

La espalda © pedro ivan ramos martin | luz10.com

La espalda © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Así ese bulto representa la herida de la flecha. Bernini va más allá y esculpe en el mármol un finísimo vestigio de la sangre derramada que atraviesa la espalda de forma casi imperceptible.

La carne del muslo cediendo bajo la presión de la mano es el icono, pero la escultura va mucho más allá de este alarde: es el culmen del barroco, que lo esencializa, exprime y captura en toda su intensidad. Toda la pieza destila una maestría y un grado de detalle tan apabullante que resulta casi irreal, pero eso palidece ante el concepto que condensa en sí. Porque el arte es mucho más que la mera habilidad manual.

Carne © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Carne © pedro ivan ramos martin | luz10.com

La Mitología griega nos cuenta que Hades consigue llevarse al inframundo a su sobrina. Deméter entra en una profunda depresión y busca incesantemente a su amada hija, desatendiendo sus tareas para con este mundo dejando tras de sí cosechas arruinadas y estériles desiertos. Zeus, que era el padre de todos los dioses, pero que no era omnipotente (aunque sí un poco cruel y vengativo de cuando en vez) viendo el percal y que se le desmontaba el instalache este del mundo de los humanos, que se le morían de hambre, trató de que su hermano liberase a Perséfone para que Deméter volviera a sus cabales.

Pobre Perséfone © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Pobre Perséfone © pedro ivan ramos martin | luz10.com

No lo consiguió.

Tras divinas e intensas negociaciones, Hermes rescata a Perséfone del Inframundo: ella sólo debía cumplir una cosa: no probar bocado alguno en su retorno al Olimpo, pero Hades, que era muy pillo y sonreía con una mueca de medio lado,  la engaño y la ninfa comió seis granos, seis, de granada y, claro, la lió -algunos autores afirman que más que engañada lo hizo a propósito-.  Finalmente el destino de Perséfone fue que debería regresar al reino de Hades un mes por cada grano que comió. Así pasaría 6 meses con su madre y 6 meses en el infierno, con Hades.

rostro © pedro ivan ramos martin | luz10.com

rostro © pedro ivan ramos martin | luz10.com

Y es por eso, queridos niños, que existen las estaciones: 6 meses donde la tierra es fértil y las plantas florecen y el clima se torna agradable y la naturaleza eclosiona en todo su esplendor. 6 meses de luz y vida, los 6 meses que pasa con Deméter: primavera y verano.

Por el contrario pasará otros 6 meses al lado de su captor. 6 meses de tinieblas, frío y muerte siendo la implacable reina y diosa del mundo de los muertos.

Así se las gastaban los Dioses.

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No les he hablado del perro de tres cabezas. Pero menudo perro el Cancerbero.

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Ahora hay libertad para sacar fotos en la Borghese. Antes no, era algo prohibidísimo. Las primeras fotos que hice fueron muy furtivas con una pequeña Olympus Mju ii. Una camarita compacta deliciosa. De carrete, por supuesto. Asa 400 siempre cargado.

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El observador atento se sobrecogerá, entre otras cosas, al comprobar que la luz traspasa el mármol creando efectos traslucidos en la pizpireta nariz de Perséfone.

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Les contaré un secreto: Escribir lleva un tiempo, pero seleccionar y editar las fotos que adornan estas entradas, más y lo que menos tengo actualmente es, precisamente, tiempo. Es por eso por lo que entre que uno escribe y se publica la entrada pueden pasar meses. Esto propicia que entre tanto puedan aparecer interesantes descubrimientos como la explicación que da Jose Ramón Hernández Correa en su magnífico blog Arquitectamos locos al grano de Hades, al que dedica una entrada completa con su maestría habitual. Quizás le guste descubrir que el grano realmente supura.

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Esta entrada no es sino la primera parte de un trío barroquísimo que lleva meses escrito esperando ser publicado. Estén atentos y compartan,  avisen a sus amigos Barrocolievers más acérrimos y no se lo pierdan.

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Como siempre tanto el texto como las imágenes son originales de su fiel y seguro servidor ©pedro iván ramos martín. Pueden usarlas si así lo estiman oportuno, pero citen autor y procedencia, que Bernini sólo hay uno y a usted lo encontré en la calle.

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Bonus track:

 

 

 

One thought on “Bernini scatenato (i)

  1. Maravillosa descripción. Yo amo a Bernini desde que subí (baje?) por la escalera regia que da acceso a los museos vaticanos. Para despertar tus neuronas un buen rato, muchas salas y unos cientos de bustos y esculturas antes de extasiarse con la Capilla Sixtina.

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